La literatura de Jane Austen ha sido –y sigue siendo– una mina para el séptimo arte, y las adaptaciones de sus obras, en forma de películas o series, se cuentan por decenas. Por eso reconozco que me acerqué a esta nueva versión de Sentido y Sensibilidad con bastante prejuicio. Ni me extasía Austen ni me emocionan los remakes. Y además, para versiones de esta obra, ya estaba la de Ang Lee con guión de Emma Thompson, que se estrenó en 1995 y que era bastante buena.
Por eso, me ha sorprendido muy positivamente esta revisión dirigida por la británica Georgia Oakley, cineasta con una filmografía todavía escasa (Blue Jean). Para contar la historia de dos hermanas sumamente diferentes que tratan de escapar de la ruina económica y encontrar el amor de sus vidas, Oakley y su guionista Diana Reid hacen algo que parece muy básico, pero que va en dirección contraria a lo que se está haciendo en muchas versiones de clásicos: ceñirse al texto. No hay en esta adaptación ningún cambio, ni en los personajes, ni en las tramas, ni, sobre todo, en el sentido –nunca mejor dicho– que la autora le dio al texto en 1811. Y, sorprendentemente, pienso que esta fidelidad es la causa de que la película dialogue muy bien con la actualidad. Mucho mejor que si los personajes o las tramas hubieran mutado para reflejar una sensibilidad identitaria o un compromiso medioambiental. Es lo que tienen los clásicos: que abordan temas universales, capaces de sortear los límites del espacio y el tiempo. La obra de Austen –en 1811 y en 2026– habla de lo mismo: del papel de los sentimientos y de la razón en las relaciones afectivas, de la importancia de los lazos familiares y de la radicalidad que puede exigir la nobleza de corazón. Son temas que interpelan a todos y que, revestidos de ficción e interpretados por personajes bien escritos, emocionan.
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Pero es que, además de esta fidelidad al texto y al subtexto de la obra, esta versión es impecable desde el punto de vista interpretativo –con un reparto coral muy afinado– y técnico. Desde el arranque se percibe el cuidado que se ha puesto para crear una cinta sumamente bella. Cada fotograma es un cuadro. Hay un esmero exquisito en la planificación, la luz, la puesta en escena y la banda sonora.
En resumen, una versión sobresaliente, un disfrute para los sentidos y una nueva confirmación de la actualidad de los clásicos.