Requiem

Director: Alain Tanner. Guión: Alain Tanner y Bernard Comment. Intérpretes: Francis Frappat, André Marcon, Alexandre Zloto, Cecile Tanner, Zita Duarte, Canto e Castro. 100 min. Adultos.

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El veterano cineasta suizo Alain Tanner (La salamandra, En la ciudad blanca, Fourbi) vuelve a demostrar la personalidad de su inclasificable estilo en esta adaptación de la obra homónima de Antonio Tabucchi (ver servicio 47/94). A través de un peculiar rompecabezas de relatos-ensayos, mínimamente hilvanados, el famoso escritor italiano -y con él, Tanner- plantea una curiosa reflexión sobre el valor purificador de la nostalgia y del remordimiento, desarrollada a través del fascinante universo literario del escritor portugués Fernando Pessoa.

Un hombre solitario, Paul, llega un tórrido domingo estival a una Lisboa vacía. Su objetivo es encontrarse en el puerto con el fantasma de Pessoa; pero éste, como buen fantasma, no aparecerá hasta la medianoche; de modo que Paul tendrá todo el día para recorrer la capital lisboeta. En su errático vagabundeo, Paul irá encontrándose con diversos personajes de su propio pasado -su padre, una novia, un amigo…- o del agonizante mundo cultural portugués -un filósofo dedicado a vender lotería, un excéntrico copista del cuadro de El Bosco El carro de heno…-, así como con otros tipos pintorescos. Estos encuentros fugaces enfrentan a Paul con los rincones más oscuros y los anhelos más íntimos de su inconsciente…, o de su alma. De modo que esas doce horas se convertirán para él en “un día de tribulaciones y de purificación”, al final del cual quizá encuentre la paz que tanto ansía.

La puesta en escena de Tanner intenta recrear la inquietante atmósfera de la obra de Tabucchi, siempre a medio camino entre la fantasía y la realidad, entre el fuerte surrealismo de los sueños y la sutil deformación de los viejos recuerdos. A veces, Tanner cae en un quietismo visual enervante y enfático, que no aporta casi nada. Pero, en general, consigue cautivar al espectador con la irrealidad de su relato. Y, desde luego, se esfuerza por llevar a cabo una realización original, en que las imágenes tengan al menos tanta importancia como las palabras. En este sentido, confirma sus dotes como documentalista, al extraer gran parte de su sentido dramático a los parajes de Lisboa por donde hace trancurrir la acción.

Otra cosa es la entidad interna de todo esto. En apariencia, la película afronta múltiples temas culturales, sociales y antropológicos de indudable interés: la melancolía y el remordimiento -los dos temas centrales-; la fugacidad del tiempo y los caprichos del destino; el alma y el inconsciente; la infidelidad, el aborto y el suicidio -por ese orden-; el compromiso político; las costumbres y supersticiones populares; el amor y el sufrimiento; la propia creación artística frente a la vida real… Pero Tanner no profundiza casi nunca en estas cuestiones, quizá porque la obra de Tabucchi tampoco lo hace. El caso es que casi todo resulta insustancial o demasiado hermético, cuando no claramente discursivo o panfletario, como sucede con varios exabruptos contra la dictadura de Salazar, con un par de apolillados apuntes anticlericales o con una torpe apología del consumo controlado de drogas.

Queda así una película formalmente elegante y moderna -al menos por su peculiar minimalismo y por su original traducción del realismo mágico-, pero desasosegante y decadente en su falta de perspectiva ética. Sólo al final, con la luminosa aparición de Pessoa, parecen adquirir un cierto hálito de humanidad algunas de las estaciones de paso de este desangelado viaje iniciático por las bellas calles de Lisboa.

Jerónimo José Martín