Rencor

Director y guionista: Miguel Albaladejo. Intérpretes: Lolita, Jorge Perugorría, Elena Anaya, Mar Regueras, Jorge Alcázar, Roberto Hernández, Geli Albaladejo, Roman Lucknar. 106 min. Adultos.

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Tras debutar brillantemente hace cuatro años con la espléndida comedia costumbrista La primera noche de mi vida, Miguel Albaladejo aportó después al género otros dos títulos estimables -Manolito Gafotas y El cielo abierto- y probó sin éxito la tragicomedia de episodios en Ataque verbal. Ahora, el joven cineasta alicantino cambia radicalmente de registro en Rencor, duro melodrama coral que ganó varios premios en el Festival de Málaga 2002.

Chelo Zamora (Lolita) es una curtida cantante folclórica, ligera de cascos y de armas tomar, que llega un verano a Cullera para actuar en un chiringuito playero. Allí se reencuentra con Toni (Jorge Perugorría), un cubano de turbio pasado con el que Chelo mantiene una singular relación de amor-odio desde que él huyera hace diez años tras dejar embarazada a una amiga suya. Ahora, Toni intenta encauzar su vida con ayuda de su joven novia Esther (Elena Anaya), una ingenua chica a la que también deja embarazada. En torno a este explosivo triángulo pululan la vieja amiga de Chelo y su hijo, un chulo policía municipal que se lía con Chelo, un sencillo matrimonio amigo de Esther y el sufrido guitarrista que ha contratado a Chelo, un honesto adolescente que la admira en silencio.

Además de ofrecer al público cinco espléndidas canciones interpretadas por Lolita -incluida una fabulosa versión de Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat-, Albaladejo confirma su solidez y versatilidad como guionista, su sensibilidad para la puesta en escena y su capacidad como director de actores. Esto le permite crear unos sugestivos personajes, que nadan con sorprendente frescura por las peligrosas aguas del melodrama extremado y arrancan unos cuantos pasajes de gran emotividad y dramatismo. En este sentido, cabe calificar de éxito rotundo el retorno de Lolita al cine tras muchos años de ausencia, pues ella soporta toda la película, y las mejores escenas se asientan en su fuerza como actriz y cantante.

Sin embargo, Albaladejo cae en dos errores graves: recurrir a un rancio y grosero exhibicionismo sexual, y tratar ciertas aristas trágicas con superficialidad moral. Esto último le lleva a una panfletaria defensa del aborto y a un desenlace grotesco, más propio de un mal culebrón televisivo que de la película trágica que se pretendía.

Jerónimo José Martín

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