Ponyo en el acantilado

Guión: Hayao Miyazaki. Música: Joe Hisaishi. Animación. 100 min. Todos.

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Con esta deslumbrante aventura animada sobre la amistad entre un pez rojo y un niño japonés de 5 años, el director de La princesa Mononoke nos entrega una obra maestra de una extremada originalidad, aunque tenga muchos elementos en común con otras de sus películas anteriores. Ponyo del acantilado recuerda especialmente la maravillosa Mi vecino Totoro, que inexplicablemente sigue sin editarse en DVD en el mercado español.

Contar algo más del argumento sería imperdonable, porque privaría a los lectores de unas sorpresas sabiamente dosificadas que van impulsando la cinta, que no anda sino nada con una elegancia y una gracia arrebatadoras. Los primeros 45 minutos son sencillamente la perfección, en un tono además deliciosamente infantil, porque esta es una película en la que Miyazaki (68 años) es, más que padre, un abuelo que fascina a sus espectadores más menudos, mientras embelesa a sus seguidores de toda la vida y a los adultos que se acerquen por vez primera a su obra. La relación madre-hijo descrita es muy sugerente en su modernidad. Como es habitual, el uso del color, el diseño de personajes, los fondos, la música son a cada cual más exquisito. Mención aparte merece la fotografía de Atsushi Okui, que viene a demostrar que no hay nada como limitar la animación digital para llenar de vida una película de dibujos.

Joe Hisaishi (colaborador habitual de Takeshi Kitano y músico de cabecera de Miyazaki) compone una partitura encantadora, muy apropiada para interpretar el latido acelerado de la niñez que se entusiasma ante la aventura, con una lógica que Miyazaki retrata a la perfección. Los espectadores a los que costaba entrar y no perderse en el exuberante mundo mitológico de Miyazaki encontrarán una de sus películas más accesibles. El conocedor de la obra del cineasta reconocerá fácilmente la presencia de todas las constantes temáticas y estilísticas de su narrativa, caracterizada por una sabia mezcla de épica, lírica, héroes, infancia, sueños, pesadillas, ingenuidad y amor por la naturaleza. John Lasseter y su gente de Pixar-Disney, entusiastas de Miyazaki, deben de estar encantados con esta obra de arte, que se encargarán de distribuir en Estados Unidos.

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