Place Vendôme

Directora: Nicole Garcia. Guión: Nicole Garcia y Jacques Fieschi. Intérpretes: Catherine Denueve, Jean Pierre Bacri, Emmanuelle Seigner, Jacques Dutronc. 115 min. Adultos.

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El director de una prestigiosa joyería de la Place Vendôme, en París, se suicida al ser descubierta por sus colegas su intervención en un asunto ilegal, en torno a unos diamantes perfectos. Su viuda, Marianne (Catherine Deneuve), asidua paciente de un psiquiátrico y alcohólica, experta en el negocio, toma los diamantes para venderlos personalmente. Al grupo de joyeros con la policía, y a la familia, se unen en la búsqueda de las joyas todos aquellos a quienes Marianne intenta vendérselos, y un ladrón internacional, que ha seducido a una empleada de la joyería, y que, años atrás, sedujo también a Marianne soltera…

Todos estos hilos, con muchas más madejas, se unen para crear una laberíntica tela de araña en la que están enredados los diamantes y la ambición, el amor y la sinceridad, la elegante falsedad y la crueldad.

Se trata de un peculiar cine de intriga, o negro o policiaco. Peculiar porque no hay en él ningún tópico del género, porque no es la vertiginosa acción violenta la que zarandea a personajes de paja, sino que son verdaderos caracteres -que exigen un auténtico trabajo de interpretación- los que urden la trama con sus decisiones arriesgadas, casi nunca formuladas y, así, es poco el diálogo y mucha la fuerza de las imágenes, de los rostros.

El espectador sigue interesado la solución de cada escena, está incierto sobre el cariz que vaya a tomar la siguiente, y es llevado por la sorpresa y las reacciones inesperadas de los actores hasta el desenlace. Sin trampas ni efectismos fáciles, con rigor y coherencia. Son las reacciones humanas las que crean la intriga, no el bolsillo en el que estén los diamantes.

Tal vez la mayor diferencia de esta película, con otras del género, consista en su empaque formal, en el comportamiento elegante o correcto de los personajes, en el minucioso realismo de los lujosos interiores, cuidadoso en los detalles, como lo es la mano enguantada del joyero al exponer sus valiosas joyas en sus deslumbrantes vitrinas.

Pedro Antonio Urbina

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