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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 48/15

El alemán Christian Petzold tiene a sus espaldas muchos años de oficio, pero la agradable sorpresa Barbara le colocó en el grupo de “directores que tener en cuenta”. Tras mostrar las heridas de la guerra fría en el citado film, en Phoenix toca otro capítulo delicado de la historia reciente de su país, el nazismo, con los mismos actores, Nina Hoss y Ronald Zehrfeld.

La novela que adapta Petzold, debida a Hubert Monteilhet, parte de una buena idea. Una judía llamada Nelly, superviviente de los campos de exterminio, tiene el rostro desfigurado. Sometida a una operación, presentará una nueva cara con la que no le reconoce su esposo ario Johnny, del que existen serias sospechas de que la delató. La amiga que la ha ayudado piensa que Nelly debería alejarse de él e iniciar una nueva vida en Israel, pero no es tan fácil saldar así cuentas con el pasado.

Saber mirar, la cara como espejo del alma, conocer y reconocer al otro. Estamos ante una inteligente historia de amor, bien articulada hasta su magnífico desenlace. Emociona la perseverancia de Nelly en creer que Johnny aún la ama, o que podría recuperarle y reavivar las cenizas de lo que hubo entre ellos antaño. Como en Carta de una desconocida, la maravillosa película de Max Ophüls según la novela de Stefan Zweig, nos encontramos con un hombre egoísta, que no parece lamentar la probable muerte de su mujer. Su “tesoro” consiste en la herencia que podría obtener de ella, no en la entrega completa e incondicional de sí mismo.

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