Persépolis

Guión: Vincent Paronnaud, Marjane Satrapi. Animación. 95 min. Jóvenes-adultos. (V)

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Adaptación del cómic autobiográfico de la iraní afincada en Francia Marjane Satrapi, a cargo de ella y de Vincent Paronnaud. Ambos ofrecen una película animada que cautiva por su dibujo sencillo y estilizado, de líneas simples e incluso ingenuas, lo que sirve de marcado contraste para contar las penalidades de la protagonista. Ganó el Premio del Jurado en Cannes en 2007.

El film arranca en color, con la protagonista en un aeropuerto, y de ahí se pasa a un largo flash-back en blanco y negro, que cuenta las andanzas de Marjane Satrapi en Irán, Austria y Francia, haciendo hincapié en cómo las especiales circunstancias históricas que le toca vivir afectan a su trayectoria vital. Así, se nos habla de la revolución en Irán y la caída del Sha, de cómo las esperanzas de implantar el comunismo que tenía alguno se vieron truncadas por la llegada al poder de los radicales islámicos, y de cómo las costumbres rigoristas empujan a los padres de Marjane a mandar a su joven hija a estudiar a Europa. Allí vivirá la contradicción de encontrarse más sola que en su propio país, y los hábitos relajados de Occidente le llevarán a relaciones amorosas insatisfactorias, a la convivencia con gente variopinta, y a la más absoluta soledad.

Más que jugar a las comparaciones entre los bienes y males de Oriente y Occidente, Satrapi pretende que conozcamos su estado anímico, las penalidades que le tocó sufrir, que le llevaron a encararse con Dios, o con los ideales que aprendió en su familia. Ésta -sus padres, y de modo particular, su abuela- se convierten en grandes apoyos en los momentos difíciles. El film plantea el peso de ser extranjero -y encima, iraní- en otro país, la discriminación que sufre la mujer en Irán… Es condescendiente con el divorcio, piensa que existe un derecho a volver a empezar en el matrimonio las veces que hagan falta. Las diversas cuestiones las presenta sin gran fundamentación, únicamente como sirviendo de modo didáctico un fresco histórico de sus vivencias personales. Aunque domina el elemento trágico, hay algunos momentos de humor suave con un punto de crueldad; hay que sonreír, por no llorar.

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