Perdona si te llamo amor

Perdona si te llamo amor

TÍTULO ORIGINAL Scusa ma ti chiamo amore

PRODUCCIÓN Italia - 2010

DURACIÓN 120 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNSexo

ESTRENO30/04/2010

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Federico Moccia es un escritor italiano que en 1992 escribió A tres metros sobre el cielo, una novela sobre amores adolescentes que, como no consiguió editor, empezó a circular fotocopiada de mano en mano. Doce años después consiguió editarla y esta vez, tanto la primera novela como la continuación, Tengo ganas de ti, se convirtieron en un fenómeno editorial en Italia. Entre otras cosas, porque muchos jóvenes empezaron a imitar a los dos protagonistas de las novelas colgando candados en el puente Milvio para sellar su amor. Como en Italia no hay nada tan cinematográfico como la política, el asunto acabó enfrentando a la izquierda (que quería preservar el patrimonio y quitar los candados que amenazaban con hundir el puente) y la derecha (que quería dejar los candados porque “no se puede ir contra los sentimientos amorosos de las personas”). De opereta.

Animado por el éxito, Moccia escribió después Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo. Todas las novelas han sido adaptadas al cine, interpretadas por jóvenes actores italianos. Tanto los libros como las películas cuentan cosas parecidas, desconciertos afectivo-sexuales protagonizados por adolescentes guapos, ricos y desinhibidos (sobre todo ellas) que aunque pidan guerra, lo que quieren es amor. El secreto de las novelas de Moccia es la fórmula de cualquier bestseller de medio pelo: literatura rápida, lenguaje coloquial, narración fragmentada, sexo y sentimentalismo a espuertas.

Perdona si te llamo amor está protagonizada por Niki, una especie de Lolita que no parará hasta seducir a Alessandro, un maduro y atractivo publicista, al que acaba de abandonar su novia. Las amigas de Niki, como ella misma, son adolescentes desenvueltas y atrevidas; los amigos de Alessandro, instalados en la treintena, son inmaduros, irresponsables y compulsivamente infieles.

Como el argumento no da para mucho -además de describir embrollos sentimentales de gran actualidad, la narrativa de Federico Moccia no aporta casi nada-, el propio escritor, que es el director y guionista de la cinta, apoya la película en un montaje ágil, con mucha música italiana y una fotografía cuidada, y en una pareja de actores atractivos que actúan con naturalidad. Resultado: un producto casi televisivo, insustancial y destinado al público que lee las novelas de Moccia.

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