Nunca es tarde para enamorarse

Guión: Joel Hopkins. Intérpretes: Dustin Hoffman, Emma Thompson, Eileen Atkins, Liane Balaban, James Brolin. 105 min. Jóvenes. (D)

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Harvey, 60 años, fracasado pianista de jazz, se gana la vida componiendo melodías para anuncios de TV. Kate, 50, encuestadora en el aeropuerto de Heathrow, está soltera y pendiente de una madre que la controla. Harvey, divorciado y solo desde hace años, vuela a Londres para asistir a la boda de su hija.

Pequeña y deliciosa película llena de humanidad en la que se lucen Joel Hopkins (más como guionista que como director) y dos veteranos actores que pueden demostrar su talento sin estridencias ni tramas disparatadas. Las dos partes de la cinta, bien diferenciadas en cuanto al tono, se complementan bien en un crescendo que va a mejor, más por mérito de la pareja protagonista que por la inventiva del guión, un tanto escasa. En este sentido, es muy gratificante comprobar la química entre Hoffman y Thompson, que habían coincidido brevemente en la interesante Más extraño que la ficción y tenían ganas de trabajar juntos como protagonistas.

¿De qué hablan? De nada y de todo, básicamente de lo que vale la pena, de la familia, de los hijos, de la vida y de la muerte, de las aspiraciones y del trabajo, de la fidelidad y del miedo al futuro.

Los dos prestigiosos actores cubren los pequeños defectos de guión y realización, asumiendo el riesgo de muchos primeros planos, largos diálogos y caminatas por Londres, un poco al estilo de lo que hizo Richard Linklater (Antes del amanecer, Antes del anochecer) con Ethan Hawke y Julie Delpy.