Nell

Director: Michael Apted. Intérpretes: Jodie Foster, Liam Neeson, Natasha Richardson.

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Con esta película, Jodie Foster -que además de protagonista, es productora- puede ganar su tercer Oscar a la mejor actriz. Esta vez da vida a Nell, una joven que ha vivido siempre en estado semisalvaje, junto a su madre, en un bello y perdido paraje de Carolina del Norte. Al morir la madre, las autoridades se plantean ingresarla en un centro para deficientes mentales, a causa de su irracional miedo a salir de día, sus extraños hábitos y su lenguaje ininteligible. Antes de decidir, un médico rural (Liam Nesson) y una psicóloga (Natasha Richardson) convivirán con Nell para intentar descubrir los secretos que oculta.

La película se basa en la obra teatral Idioglossia, de Mark Handley, inspirada a su vez en casos reales de niños salvajes. A partir de este buen material, el propio Handley y William Nicholson -guionista de Tierras de penumbra- han escrito un compensado guión, de alto interés antropológico. Por su parte, Michael Apted (Acción judicial, Gorilas en la niebla), cineasta al que gustan los argumentos sobre cuestiones polémicas de carácter social, político o moral, consigue una intensa puesta en escena, de gran densidad dramática y notable belleza formal. Su trabajo resalta especialmente la talla humana de los personajes, lo que facilita unas soberbias interpretaciones de todos los actores, sobre todo de Jodie Foster, que muestra una vez más su amplitud de recursos para el cine dramático.

Sólo pierde algo de credibilidad la película en la convencional secuencia del juicio, narrativamente forzada y demasiado sentimental. También cabe reprochar un naturalismo excesivo en el tratamiento de la educación sexual de Nell, que propicia varias escenas muy explícitas, únicamente suavizadas por un cierto esteticismo visual.

A pesar de estos defectos, queda una película bella y profunda, que ofrece reflexiones muy interesantes sobre la solidaridad, el gusto por el morbo de ciertos medios de comunicación y los límites de la Medicina para evaluar la dignidad de la condición humana. Destaca en este punto el enfoque, superficial pero sugestivo, con que se plantea la natural apertura del ser humano hacia lo sobrenatural. Este planteamiento enriquece el sencillo humanismo de la película con un optimismo vital de mayor calado, que aleja sus mensajes de otras visiones más sombrías del hombre, como la que ofreció François Truffaut en su película El pequeño salvaje.

Jerónimo José Martín

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