Mujeres en el parque

Director: Felipe Vega. Guión: Manuel Hidalgo, Felipe Vega. Intérpretes: Bárbara Lennie, Adolfo Fernández, Blanca Apilánez, Alberto Ferreiro, Javier Albalá. 102 min. Adultos. (XD)

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Daniel, profesor de música y pianista, y Ana, galerista, son marido y mujer pero ya no viven juntos. Mónica, la hija de veintitantos, vive con la madre. Daniel tiene un lío y quiere el divorcio. Ana se resiste.

Felipe Vega (León, 1952), profesor en la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid (ECAM), dirige esta película producida por Gerardo Herrero, siempre interesado por este tipo de drama urbano de clases acomodadas y cultas. Vega coescribe el guión con el periodista y crítico Manuel Hidalgo, con el que colabora por cuarta vez. Conviene tener presente que Vega tiene experiencia en la escritura y dirección de documentales (en la actualidad, prepara el guión de “El desastre de Annual” para Benito Zambrano), un dato relevante para acercarse a “Mujeres en el parque”.

La película, bien rodada y con una marcada presencia de hermosos lugares de un Madrid elegante y otoñal, se inscribe en la línea de bastantes largometrajes españoles de los últimos años que levantan acta sobre los conflictos que provoca el egoísmo y la inmadurez de los pretendidamente cultos e instruidos en las relaciones afectivas y familiares.

“Mucho antes -ha declarado el director- de pensar en una historia, perseguir un argumento, encontrar una trama, voy en busca de los personajes… Si sólo se piensa en el argumento, si conviertes a los personajes en sus títeres, no serán creíbles jamás. Pensamos, primero, en el ‘cómo son’, y sólo, más adelante, en el ‘qué sucede’. Huir de los mensajes, una necesidad primordial. El mensaje, la metáfora, están reñidas con la reproducción de la realidad. La vida carece de significado único. En sí misma, no ‘quiere decir nada’. La vida de los seres humanos no posee una coherencia, una organización previa. Nos hemos acostumbrado a un cierto orden ficticio que damos por bueno; por miedo al caos que nos rodea, supongo”.

Más allá de las intenciones y de su declarada -y paradójica- admiración por el mensajero Chéjov y el metafórico Carver, la película está hueca, no tiene fuerza moral ni ética ni cultural, padece un montaje muy desafortunado, que inunda el relato de gratuitas y molestas pausas en forma de fundidos reiterados. No hay transiciones, no hay evolución, solo una suma de situaciones embarazosas con frecuencia inverosímiles. Los actores son buenos pero sufren un texto arbitrario. En fin, los problemas de escribir con escuadra y cartabón usando un subjetivismo antropológico de ruleta de casino.

Alberto Fijo