Michael Collins

Guión: Neil Jordan. Intérpretes: Liam Neeson, Aidan Quinn, Alan Rickman, Stephen Rea, Julia Roberts, Ian Hart, Richard Ingram, John Kenny, Michael Dwyer. 132 min.

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El irlandés Neil Jordan escribe y dirige un film que había anhelado hacer durante años. Un cuadro de la independencia de su país, a través de la vida del carismático líder Michael Collins. La película describe sus actuaciones, desde el levantamiento de Pascua de 1916 hasta su muerte en atentado terrorista, en 1922, en circunstancias no aclaradas. Jordan fustiga sin contemplaciones el dominio británico sobre la isla, de modo que los atentados promovidos por Collins se presentan como la única manera de obtener la independencia. Sin ahorrar crudeza al mostrar estas acciones violentas, el director las rodea de un aura romántica, al estar dirigidas hacia las fuerzas de ocupación, y porque se contraponen con las duras represalias de los ingleses, como la matanza del estadio, una de las secuencias mejor resueltas del film.

Jordan da con la estructura narrativa idónea. Marca con precisión los avatares históricos, como señales en el camino del relato. Y a la vez insufla vida a los caminantes de la historia: Michael Collins, generoso y legendario (magnífico Liam Neeson, premiado en el Festival de Venecia); Eamon de Valera (Alan Rickman), primer presidente irlandés, más político, y al que se presenta como envidioso del carisma de Collins; Harry Boland (Aidan Quinn), cuya amistad con Collins se resiente por una disputa amorosa y diferencias políticas; Ned Broy (Stephen Rea), espía en campo británico; Kity Tiernan (Julia Roberts), con el corazón dividido entre Boland y Collins… La humanidad y las señas de identidad de los personajes enriquecen la narración, evitando que caiga en la fría exposición de hechos.

Afirma el director que su película es “simplemente, una lección de historia”. Pero es inevitable plantearse si es posible un cine histórico. ¿Hasta dónde ha de sujetarse a los hechos ciertos conocidos? ¿Con qué margen se cuenta para la conjetura? Jordan, además de tomar partido por la causa irlandesa, carga las tintas en la utilización política de Collins por De Valera en las negociaciones con los ingleses, y arroja la duda sobre la posible implicación del presidente en el asesinato de Collins.

El director narra una epopeya, y todos los elementos del film apuntan en tal dirección. Pero la puesta en escena conjuga muy bien drama intimista con acción. Los movimientos de masas están perfectamente coreografiados, el suspense de la entrada en una fortaleza inglesa es de infarto; y a la vez, está la soledad del héroe, sus dudas, bien reflejadas en imágenes. La fotografía de Chris Menges da un maravilloso y realista aire de época, gracias a una rica paleta de grises, azules, verdes y marrones; la partitura de Elliot Goldenthal contribuye al aire épico. La narración en montaje paralelo de algunas escenas -una serie de atentados nocturnos, el asesinato de Michael Collins- son de un vigor formidable. El León de Oro a la mejor película en el pasado Festival de Venecia está plenamente justificado.

José María ArestéLa película de Neil Jordan, vista en Irlanda

Dublín. Desde hacía tiempo, el dublinés Neil Jordan pensaba hacer una película sobre Michael Collins, pero la Warner prefirió no respaldar su producción hasta el alto el fuego del IRA en 1994. Ahora, tras su estreno, la película de Jordan ha originado en Irlanda bastante polémica, similar a la que en su tiempo provocó el líder irlandés, sobre todo cuando firmó el Tratado Anglo-Irlandés de 1921. Michael Collins fue siempre respetado como estratega militar, pero no logró demasiado apoyo en su táctica política de compromiso. Haciendo un paralelismo, la película de Neil Jordan ha sido elogiada por su brillante puesta en escena y sus interpretaciones, pero muchos la han criticado duramente por sus inexactitudes históricas.

Michael Collins nació en Cork en 1891. Aunque no tuvo una educación exquisita, pronto llegó a ser uno de los líderes de la Revolución de Pascua (Easter Rising) de 1916. Logró desbaratar el servicio de inteligencia militar inglés desplegado en Irlanda con la ejecución despiadada de los delatores y la creación de su propia red de desinformación. Al igual que su compañero, el líder rebelde Eamon de Valera, Collins argumentaba que la violencia era el único camino para liberar Irlanda de 700 años de dominio británico. Sin embargo, Collins discrepaba con De Valera, pues estaba dispuesto a comprometerse en la partición del Norte y del Sur del país. Firmó el Tratado Anglo-Irlandés en Londres por considerar que era el mejor compromiso que Irlanda podía obtener. Por el contrario, De Valera declaró la guerra civil.

Caracterizar a Eamon de Valera como “el malo de la película” es lo que ha provocado mayor polémica en Irlanda. Los historiadores piensan que quizá fuera enemigo de Collins, pero no tanto como para implicarse en su asesinato. Por eso, algunos consideran la película como una manifestación más de esa tendencia tan marcada en la Irlanda actual de despreciar a De Valera -y por asociación, de ridiculizar la Constitución irlandesa, de la que él fue el máximo artífice-, por mantener una Irlanda tradicional, conservadora en lo social y católica, que muchos prefieren olvidar. Pero tanto De Valera como Collins participaron en gran medida de esta herencia cultural común.

Diversos críticos han señalado que Jordan recurre a la deformación dramática de los objetivos políticos que persigue Collins, de modo que no quedan demasiado claros en la película. Algunos intuyen una similitud con las ideas actuales del líder republicano Gerry Adams, en cuanto que Collins abandona la violencia en favor del compromiso y de los medios democráticos. ¿Está Jordan sugiriendo que Adams debería hacer lo mismo? Pero Collins, en su empeño por lograr la libertad de los irlandeses, tenía un mandato político de un calado mucho mayor que el que nunca podrá conseguir Adams: la propia independencia de Irlanda.

Finalmente, otros se cuestionan la oportunidad de la película. ¿Es positiva tal exaltación del hombre que creó el Ejército Republicano Irlandés en un momento de la historia de Irlanda del Norte tan delicado como el actual? Probablemente, Neil Jordan respondería que siempre es conveniente mostrar la historia angloirlandesa, incluso en sus momentos más terribles.

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