Mi vida

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My LifeDirector: Bruce Joel Rubin. Intérpretes: Michael Keaton, Nicole Kidman, Haing S. Ngor.

Justo cuando Bob (Michael Keaton) y Gale (Nicole Kidman) esperan ilusionados el nacimiento de su primer hijo, los médicos diagnostican a Bob un cáncer en fase terminal. Bob decide entonces filmar unos vídeos caseros sobre su propia vida, para que su hijo pueda conocerla en el futuro. Estos vídeos servirán a Bob para reconocer sus traumas ocultos y sus culpas pasadas. Así, descubrirá a las puertas de la muerte un nuevo sentido para su vida, que le lleva a intentar perpetuar su amor hacia su mujer, su hijo y sus padres. Su entereza se reforzará cuando comience a tratarle un misterioso curandero oriental (Haing S. Ngor), que le devuelve la esperanza de llegar a conocer a su hijo.

Este argumento, convertido en guión por él mismo, ha servido a Bruce Joel Rubin para debutar como director. Rubin ganó en 1990 el Oscar al mejor guión original por su trabajo en Ghost, película con la que Mi vida comparte el mismo equipo técnico y similares planteamientos de fondo. De todos modos, y aunque también se incluyen numerosos detalles de buen humor, esta vez el tono es más melodramático y realista.

La puesta en escena de Rubin es algo convencional y a veces adolece de falta de fluidez narrativa. Aun así, consigue algunas secuencias muy intensas y se beneficia del atractivo de la historia que narra, llena de matices y buenos diálogos, y encarnada con convicción por unos actores muy bien dirigidos. En este sentido, Michael Keaton y Nicole Kidman, a pesar de tener personalidades muy diferentes, consiguen una atractiva compenetración.

Lo más interesante de la película lo aportan sus ideas sugestivas sobre el matrimonio, la educación de los hijos, la muerte, la amistad, el perdón, el trato con Dios… Merece especial mención su oxigenante defensa de la unidad familiar y de la dignidad del niño aún no nacido, tratado en todo momento como una persona más.

Quizá cabe reprochar a la película un exceso de naturalismo y de sentimentalismo en algunos pasajes de su retrato de la maternidad y del amor conyugal. Pero es tal la sinceridad de su mirada que esos detalles no resultan estridentes. Mucha menos entidad tiene su visión del más allá, que, aunque parte de planteamientos cristianos, se queda a veces en etéreas resoluciones con tufillo New Age.

En este Año Internacional de la Familia, esta película, a pesar de sus defectos, ofrece un buen resumen de las principales preocupaciones en torno a este tema que refleja el mejor cine norteamericano de los últimos años.

Jerónimo José Martín

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