Matilda

Director: Danny De Vito. Guión: Nicholas Kazan y Robin Swicord. Intérpretes: Mara Wilson, Danny De Vito, Rhea Perlman, Embeth Davitz, Pam Ferris. 93 min.

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Como en Tira a mamá del tren, La guerra de los Rose y Hoffa, Danny De Vito vuelve a compaginar las funciones de productor, director y actor en Matilda, quizá su mejor película tras la cámara. Se trata de una original y divertida adaptación de la popular novela de Roald Dahl, con la que De Vito abre nuevos caminos al cine familiar.

Matilda (Mara Wilson) es una niña muy inteligente, apasionada por los libros y con extraños poderes mentales. Hartos de su afán de saber, los padres de Matilda (Danny De Vito y Rhea Perlman), frívolos y materialistas, la llevan al sórdido colegio de la despiadada Sra. Trunchbull (Pam Ferris). Pero allí Matilda conocerá a la Srta. Dulce (Embeth Davitz), una encantadora maestra que sabrá apreciar y encauzar las dotes extraordinarias de la niña.

Danny De Vito opta por una puesta en escena agilísima, psicodélica y disparatada que logra plenamente su objetivo de interesar a los adultos con la historia sin renunciar al público infantil. Esta apuesta narrativa y visual se refuerza con una inteligente carga crítica, que dinamita la subcultura televisiva, la egoísta despreocupación de ciertos padres hacia sus hijos y la educación a base de castigos, al paso que hace una encendida apología de la lectura, la fantasía, el cariño familiar y la educación en los valores. Este sugestivo enfoque antimaterialista se encarna en una hilarante galería de personajes, muy bien perfilados en el guión y magníficamente interpretados. Como en otras ocasiones, destaca el espléndido trabajo de la niña Mara Wilson.

Quizá algún espectador adulto piense que el tono mordaz con que Dahl describe a los padres de Matilda y a la Sra. Trunchbull resulta nocivo para los niños, que podrían extender esos reproches a sus propios padres y profesores. Pero la película servirá a esos adultos como examen de conciencia para ver si esos incómodos reproches tienen fundamento real. Y, en cuanto al público infantil, seguro que sabe distinguir lo que hay de retrato y de caricatura cuando compare a sus padres y profesores con los de la película. Los niños no son tontos.

Jerónimo José Martín

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