Marea roja

TÍTULO ORIGINAL Crinsom Tide

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Director: Tony Scott.Intérpretes: Denzel Washington, Gene Hackman, Matt Craven, George Dzundza, Viggo Mortensen.

Las películas de Tony Scott, un director competente e interesante visualmente, mejoran mucho cuando, teniendo una buena historia, supera la tentación del efectismo excesivo. Es justo lo que sucede en Marea roja, una narración urdida por Michael Schiffer, y en cuyo pulimiento han participado guionistas de la talla de Robert Towne, Steven Zaillian y Quentin Tarantino. Este último escribió el guión del anterior film de Scott: Amor a quemarropa.

Rusia está metida de lleno en el conflicto checheno y facciones rebeldes acusan a Estados Unidos de la caótica situación de su país. Los halcones rusos podrían provocar una catástrofe si llegaran a apoderarse de los códigos de las armas atómicas. El Alabama, un submarino norteamericano, comandado por el duro y carismático Frank Ramsey (Gene Hackman), recibe la orden fatídica: preparar sus misiles nucleares para lanzarlos sobre Rusia. El segundo oficial, Ron Hunter (Denzel Washington), cuestionará la orden hasta el punto de relevar del mando al comandante.

Hay numerosas referencias a otros films (El submarino, La caza del Octubre Rojo, El motín del Caine), pero la historia posee personalidad propia. Sorprende su esforzado equilibrio entre las dosificadas escenas de suspense -¿estallará al fin el holocausto nuclear?- y las que muestran el lado humano de los personajes. Gene Hackman, Denzel Washington y los numerosos secundarios hacen un trabajo formidable. Pero éste es posible porque los personajes, diálogos y conflictos están muy bien dibujados en el guión.

El equipo artístico da al film el empaque requerido; sobresalen el director de fotografía Dariusz Wolski, y Hans Zimmer, que confirma que es uno de los mejores compositores actuales de bandas sonoras. Scott se ha sumergido en un rodaje de tinieblas casi perpetuas, en que incluso la parte desarrollada en tierra firme acontece de noche, en medio de un terrible aguacero. Los fondos marinos, de un azul apagado casi sin luz, contrastan con el interior del submarino, dominado por las luces primarias -rojos, verdes, azules, amarillos- de los paneles de mando; este contraste provoca un singular efecto claustrofóbico.

José María Aresté