madres verdaderas

Madres verdaderas

TÍTULO ORIGINAL Asa ga kuru

PRODUCCIÓN Japón - 2020

DURACIÓN 139 min.

PÚBLICOAdultos

CLASIFICACIÓNSexo

ESTRENO06/08/2021

GÉNEROS

DIRECTORES

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Naomi Kawase es una de las grandes cineastas actuales. Con tan solo 28 años ya había destacado en el Festival de Cannes al ganar la Cámara de Oro con Suzaku (1997). Desde entonces ha sido una de las protagonistas de los grandes certámenes internacionales con películas como Aguas tranquilas (2014) o Una pastelería en Tokio (2015), que además obtuvo muy buenos resultados en la taquilla internacional. Sin embargo, sus últimas aportaciones cinematográficas –Hacia la luz (2017) y Viaje a Nara (2018)– habían defraudado por su hermetismo y un naturalismo superficial y excesivo.

Su última película tiene que ver con su propia biografía, ya que la cineasta fue una niña adoptada. El argumento de esta película se desvela como si fuese una novela de misterio, y prefiero no adelantar demasiados detalles, porque esa dosificación de la información es esencial para entrar en el código de la película. Los saltos en el tiempo van componiendo un puzle en el que se muestra a madres de edad muy precoz que entregan a sus hijos recién nacidos por diferentes motivos, y cuyas vidas conectan con mujeres que no pueden tener hijos.

Con un uso espléndido de la planificación, la música, la dirección fotográfica y la interpretación, Naomi Kawase da pinceladas maestras de una verdadera autora. Aunque el metraje y la fragmentación de la historia son más que discutibles, la película recuerda en muchos momentos al cine del también japonés Hirokazu Koreeda (Air Doll, De tal padre, tal hijo; Un asunto de familia).

Sin llegar a esa excelencia, la directora combina una delicadeza extraordinaria con una ingenuidad superficial a la hora de mostrar la sexualidad entre dos menores como un acto lírico, cuando es un encuentro íntimo de dos jóvenes que acaban de conocerse y que terminará teniendo consecuencias serias. Se nota que la cineasta intuye la familia y la maternidad como pilares fundamentales de la madurez humana, pero a su brillante expresividad aún le falta la profundidad de campo y la trascendencia universal del maestro Koreeda.