Más allá de los sueños

TÍTULO ORIGINAL What Dreams May Come

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Director: Vincent Ward. Guión: Ron Bass. Intérpretes: Robin Williams, Cuba Gooding Jr., Annabella Sciorra, Max von Sydow, Jessica Brooks Grant, Josh Paddock. 105 min. Jóvenes.

Decía André Malraux que “el siglo XXI será religioso o no será”. Lo que no concretó es qué se entenderá entonces por religión. La cosa no parece clara. Al menos así lo pone de manifiesto Más allá de los sueños, del neozelandés Vincent Ward (Vigil, Navigator, Mapa del sentimiento humano), avanzadilla de un nuevo despliegue de películas que se acercan a las realidades espirituales de un modo ecléctico y sentimental. Ya dio un primer aviso City of Angels, la versión made in USA de Cielo sobre Berlín, de Wenders; y poco a poco irán llegando Prácticamente magia, Meet Joe Black, Holy Man, Himalaya…

Todas estas películas comparten al menos tres notas significativas: afán por recuperar la dimensión espiritual del hombre frente al depresivo materialismo occidental; renuncia a la plena ortodoxia de las grandes religiones tradicionales en favor de la integración de sus elementos con ideas New Age, esotéricas o psicoanalíticas; y predominio casi absoluto de los sentimientos sobre la razón.

Más allá de los sueños responde plenamente a este esquema. El guión de Ron Bass -basado en una novela de Richard Matheson- describe el drama de Chris, un hombre maduro, profundamente enamorado de su esposa Annie, que también le corresponde. Ese amor es puesto a prueba cuando mueren en un accidente de coche los dos hijos adolescentes del matrimonio y, sobre todo, cuando fallece Chris en similares circunstancias. Desesperada, Annie, que ya había recibido tratamiento psiquiátrico, se suicida. Desde “su cielo”, con la forma de los bellos cuadros que pintaba su esposa, Chris se lanza a rescatar a Annie del dantesco infierno de los suicidas. En su viaje, contará con la ayuda de una especie de ángel de la guarda y de un misterioso guía.

Cabe destacar las buenas interpretaciones, la fascinante puesta en escena y, sobre todo, los espectaculares efectos especiales, decorados y vestuario, que recrean un Más Allá plagado de sugestivas referencias a los grabados de Doré y a las pinturas de El Bosco, Brueghel, Botticelli, Monet, Van Gogh o Friedrich. A esto hay que añadir la hondura y el buen humor con que se afrontan el dolor y la muerte, un atractivo enfoque de la solidaridad y una visión decididamente positiva del matrimonio “para siempre” y de la confianza entre padres e hijos.

Sin embargo, todo esto se articula en una trama romántica empalagosa, de estructura confusa y con un fondo caótico en el que se mezcla la doctrina cristiana con una cierta aceptación de la reencarnación, toques de ecologismo esotérico, fuertes acentos de idealismo subjetivista -se insiste en que “el pensamiento es la realidad, y la realidad física, pura ilusión”-, y una hipersentimental visión del poder redentor del amor. ¿Y Dios? Pues “está allá arriba gritando de continuo su amor a los hombres, que no le escuchan”. En fin, allá estará, pero nadie habla con Él, ni se oyen sus gritos en toda la película.

Alguno considerará exagerado este análisis, por entender que la película sólo pretende entretener y emocionar. Pero esa interpretación no cuadra con la seriedad de las anteriores películas de Vincent Ward, ni con el hecho de que Más allá de los sueños ha sido producida por una compañía denominada Metafilmics, fundada hace años con la finalidad expresa de hacer “exploración metafísica a través del cine”.

Jerónimo José Martín

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