Mi nombre es Joe

TÍTULO ORIGINAL My Name Is Joe

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Director: Ken Loach. Guión: Paul Laverty. Intérpretes: Peter Mullan, Louise Goodall, Gery Lewis, David McKay, Anne-Marie Kennedy. 105 min. Adultos.

Continúa Ken Loach con su realismo sucio, de ambientes marginales y problemática social y política. Joe, de 37 años, después de años de alcoholismo, ha conseguido dejar de beber; está en el paro y, lleno de energía y simpatía, dedica buena parte de su tiempo a entrenar al peor equipo de fútbol de Glasgow, compuesto por parados, obreros y algún drogadicto; se ocupa también de sus problemas personales y familiares. Es todo un héroe de la solidaridad humana.

Gran parte del buen resultado de la película se debe al atractivo personal de Peter Mullan, que obtuvo el Premio de Interpretación en el Festival de Cannes 1998. Y en el Festival de Valladolid 1998, Mi nombre es Joe obtuvo el Premio a la mejor película, circunstancial porque, a mi modo de ver, la película no es una gran cosa.

La cosa consiste en un relato de divertidas aventuras cotidianas de este Robin Hood obrero, de su accidentado enamoramiento -es divorciado- de la también abnegada Sarah, la asistente social, que sólo vive para su trabajo de servicio a los demás. En este ambiente de paro, alcoholismo y drogadicción, la buena voluntad de Joe se ve atrapada en una red de mafiosos. Flaquea un instante su integridad, pero su fortaleza y el amor de Sarah le ayudan a salir bien librado; no es así el final de uno de sus protegidos drogadictos… De modo que todo acaba con un sabor agridulce. Pero triunfa por el momento este buen hacer humano.

El guión, pues, sigue las pautas de un relato de aventuras, como las de Robin de los bosques, de Michael Curtiz, bien que aquí Errol Flynn y Olivia De Havilland son un parado y una asistente social, y no en los bosques de Sherwood, sino en un barrio bajo de Glasgow. Me parece que no hay mucho más; en todo caso menos: aquellos héroes de leyenda eran personas más completas en lo humano, más enteras, volaban espiritualmente más alto. Estos modelos de Ken Loach, como suelen ser los suyos, corren “como pollo trabado”.

Pedro Antonio Urbina

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