Los últimos días

TÍTULO ORIGINAL The Last Days

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Director y guionista: James Moll. Documental histórico. Entrevistados: Tom Lantos, Bill Basch, Alice Lok Cahana, Reneé Firestone e Irene Zisblatt. 87 min. Jóvenes.

En 1994, durante el rodaje de La lista de Schindler, Steven Spielberg fundó la Survivors of the Shoah Visual History Foundation, organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal es grabar entrevistas con todos los supervivientes del Holocausto judío en la II Guerra Mundial. Tras el éxito de sus dos primeras producciones televisivas -Survivors of the Holocaust y The Lost Children of Berlin-, también dirigidas por James Moll (Save the Dolphins, Just for the Summer), la fundación afrontó Los últimos días, su primer film destinado al cine, que logró el Oscar 1998 al mejor largometraje documental.

La película reúne los testimonios de cinco judíos húngaros que sufrieron la persecución nazi durante 1944 y 1945. En esos años, Hitler, a pesar de tener casi perdida la guerra, aceleró incomprensiblemente la Solución Final, debilitando incluso su potencial militar. Los protagonistas, que viven desde hace años en Estados Unidos, son: un congresista, una artista, una profesora, un hombre de negocios y una ama de casa. A sus emotivos recuerdos -reavivados en sus visitas a Hungría y a varios campos de exterminio en Alemania y Polonia-, se añaden los de otros implicados, como un experto en el Holocausto, tres de los soldados estadounidenses que liberaron Dachau o un evasivo ex nazi, médico en Auschwitz y que fue absuelto en los juicios de Nuremberg. Todo ello se completa con fotografías y filmaciones originales, algunas inéditas.

Realizado con agilidad y una buena factura visual y musical, este documental logra su objetivo de profundizar en “la inhumanidad del hombre cuando pierde la fe en lo sagrado de la vida humana”. En este sentido, se agradece su ponderación y su apertura a la trascendencia, articulada a través de las interesantes reflexiones de los protagonistas sobre sus relaciones con Dios durante esos años terribles y en la actualidad.

Sin embargo, cabe reprocharle cierta falta de pudor -busca la lágrima fácil a toda costa-, poca originalidad formal, un patrioterismo pro USA algo cargante y su olvido de algunos hechos históricos de interés. Así, aunque elogia de pasada los esfuerzos del diplomático sueco Raoul Wallenberg, no cita la heroica actuación del nuncio del Vaticano en Hungría, ni la de Giorgio Perlasca, un comerciante italiano católico que, en el dantesco Budapest de 1944, salvó del genocidio a varios miles de judíos, haciéndose pasar por encargado de negocios de la embajada de España.

Jerónimo José Martín