La primera noche de mi vida

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Director: Miguel Albaladejo. Guión: Elvira Lindo y Miguel Albaladejo. Intérpretes: Leonor Watling, Juanjo Martínez, Emilio Gutiérrez Caba, Carlos Fuentes, Mariola Fuentes, Íñigo Garcés, Adriana Ozores, Antonia San Juan, Carlos de Gabriel. 85 min. Jóvenes-adultos.

En este su primer largometraje, el cineasta alicantino Miguel Albaladejo ha logrado una hilarante comedia, emparentada con el nuevo cine social europeo -The Full Monty, Marius y Jeannette, Nubes pasajeras…-, pero cuya fórmula se remonta al cine italiano y español de los 50 -Comencini, Fellini, Berlanga…-, con algún homenaje al maestro Frank Capra y al cómico español José Luis Ozores. Su éxito en el reciente Festival de Málaga confirma la vigencia de este cóctel de incisiva crítica social y amable disección antropológica del final de milenio.

Precisamente durante las últimas cinco horas de la emblemática Nochevieja de 1999, el azar entrecruza en una barriada de Madrid a un variopinto grupo de personajes, les hace fracasar en sus intentos de llegar a alguna parte y, finalmente, los reúne para las doce campanadas en un lugar mágico, donde estrenarán el nuevo milenio con una visión más esperanzada de la vida. Por esos parajes suburbiales pasean su desamparo un modesto matrimonio a la espera de su primer hijo; el rico e insolidario padre de la chica; un joven ladrón y toda su familia, incluida su sufrida novia y un torpe compinche; un “mendigo profesional”; dos policías (hombres) y dos guardias civiles (mujeres); un taxista y su mujer; dos amigos que van a una fiesta, uno disfrazado de conejo y el otro de gamba; dos solitarias dependientas de una gasolinera, todavía en busca de sus medias naranjas; y tres alemanes perdidos que, como los Reyes Magos, seguirán por fin el rastro de una estrella…

En su estructura de road-movie, la película aglutina un ritmo de comedia clásica de enredo con un tono de cuento navideño entre realista, surrealista y absurdo. El equilibrio entre estos ingredientes es el gran mérito del guión y de la realización, que avanzan con agilidad y progresión dramática a través de jugosos diálogos y eficaces gags visuales. Cabe elogiar los esfuerzos de la escritora Elvira Lindo y de Miguel Albaladejo para no caer ni en un blando sentimentalismo pseudonavideño ni en el esperpento cínico y cruel. Casi siempre tratan con respeto a sus personajes y al espectador, de modo que -salvo en alguna irreverencia y en varios diálogos soeces- evitan el mal gusto, logrando que los numerosos golpes de humor funcionen por la propia inteligencia y humanidad de su planteamiento.

Ciertas alusiones permisivas en materia sexual ponen de manifiesto que los autores participan un poco del desconcierto moral y la falta de trascendencia de sus personajes, y confirman que sus eficaces paralelismos con el Nacimiento de Cristo y la Adoración de los Magos no pasan de ser simples recursos cómico-narrativos. En cualquier caso, exponen su crítica al materialismo y su elogio de la caridad con abierta sencillez, lo que hace que la historia resulte muy entrañable en su melancólico optimismo: un optimismo con los pies en la tierra, que no olvida los dramas de la pobreza, el desempleo, las “familias desestructuradas”, la ausencia del padre…, pero que esquiva tantos fatalismos postmodernos a base de confianza en la “buena gente” y de un incombustible sentido del humor.

Redondea el conjunto el magnífico trabajo de los actores, especialmente meritorio por el carácter coral del film. Por su parte, la contrastada fotografía de Alfonso Sanz y la sugestiva partitura de Lucio Godoy subrayan el tono mágico de esta original opera prima, que ha devuelto a la comedia española un aire fresco del que estaba muy necesitada desde hacía años.

Jerónimo José Martín

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