La feria de las vanidades

Vanity Fair

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Directora: Mira Nair. Guión: Matthew Faulk, Mark Skeet y Julian Fellowes. Intérpretes: Reese Witherspoon, Gabriel Byrne, Romola Garai, Jonathan Rhys-Meyers, James Purefoy. 140 min. Adultos.

“La feria de las vanidades”, del novelista W.M. Thackeray, cuenta con humor, realismo y crueldad los repetidos intentos de la desgraciada Becky Sharp por ascender en la escala social. Becky es una huérfana, hija de una corista francesa y de un pintor alcoholizado. Educada en un orfanato londinense, sale al mundo convertida en institutriz y quiere triunfar en la alta sociedad. Para ello no duda en utilizar todos los recursos de su sexo y de su ingenio.

La directora Mira Nair (“La boda del monzón”), al igual que Thackeray, nació en la India, y este país está presente a lo largo de toda la cinta, con poco realismo, pero como telón de fondo que invita a pensar en la influencia que tuvo en el imaginario inglés del XIX. Mira Nair ha suavizado, a golpe de humor, el intolerable cinismo y/o estupidez de los personajes originales, en particular el de Becky Sharp, ambiciosa, pero no malvada, cuyos fracasos habitualmente se deben a su buen corazón. Pero donde se luce de verdad es en el modo de abordar las posibilidades cómicas de un buen salón, los diálogos cínicos pero llenos de humor de las clases altas, y su despiadada indiferencia por la suerte de los demás, con frases como: “Creí que era una “trepa”, pero es una auténtica alpinista”.

La principal dificultad de esta película es el empeño por contar la mayor parte del contenido de una voluminosa novela que se desarrolla a lo largo de casi medio siglo. Tal empresa conviene mejor a una miniserie de televisión que a un largometraje. Este escollo lo supera, sólo en parte, el excelente trabajo de los actores. “La feria de las vanidades” se convierte en una obra interesante pero muy inferior a “Barry Lindon”, la otra obra de Thackeray llevada al cine.

Fernando Gil-Delgado

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