La ducha

TÍTULO ORIGINAL Xizhao/Shower

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Director: Zhang Yang. Guión: Zhang Yang, Liu Fendou, Huo Xin, Diao Yinan y Cai Shangjun. Intérpretes: Zhu Xu, Pu Cunxin, Jiang Wu. 92 min. Jóvenes.

La Concha de Plata al mejor director y el Gran Premio de la OCIC en el Festival de San Sebastián 1999; el Premio de la Fipresci en Toronto 1999; y el Premio del Público en Rotterdam 2000, así como una calurosa acogida por la crítica, avalan la calidad de esta película, con la que se ha dado a conocer internacionalmente el joven cineasta Zhang Yang (Spicy Love Soup), procedente del teatro y de los vídeos musicales, y líder de la primera productora independiente autorizada en China.

El guión, planteado en forma de parábola, encara con hondura, emotividad y un chispeante sentido del humor el complejo debate entre tradición y modernidad en la China actual. Para ello, recurre a la disyuntiva entre ducha o baño. En concreto, la película destaca el valor de los ancestrales baños públicos chinos, paraísos de serenidad, asequibles a todas las fortunas -allí, la desnudez iguala radicalmente a todas las clases sociales-, en los que uno puede descansar, meditar, cultivar amistades, resolver conflictos familiares, sentimentales y laborales, y hasta curar las más dolorosas heridas del cuerpo y del alma.

La cultura de la ducha es encarnada por Daming, un joven ejecutivo que hace años marchó a vivir a la región industrial de Shenzen. Cierto día, un malentendido le hace pensar que su padre ha muerto, y regresa precipitadamente a Pekín. Sin embargo, su padre, el pacífico Sr. Liu, sigue vivo y bien activo. Como siempre, dirige los acogedores baños públicos para hombres de un popular barrio de Pekín, y cuida solícitamente a su encantador hijo menor, Erming, que es retrasado mental. La llegada de Daming coincide con la noticia de que las autoridades han decretado la demolición de todo el barrio, incluidos los viejos baños. Este hecho, y sobre todo el emotivo reencuentro con su familia, con sus viejos amigos y con las milenarias costumbres chinas, obligan a Daming a replantearse seriamente el sentido de su gris existencia.

La excelente dirección de actores que lleva a cabo Zhang Yang, y su detallista puesta en escena, lo emparentan con grandes cineastas como Zhang Yimou o Chen Kaige. Sin embargo, su mirada es más fresca y universal, aunque quizá también un poco más epidérmica, pues intenta hacer de la simplicidad su sello de autor.

En cualquier caso, desde la hilarante secuencia inicial -en una imaginaria cabina pública de duchado y secado rápido-, hasta el bello final abierto, pasando por la evocadora escapada a las agrestes tierras del norte, Zhang Yang maneja con sorprendente vigor la simbólica trama, desnuda -sobre todo por dentro- a sus personajes con una ternura exquisita, y acaba levantando una cálida apología del cariño familiar, la amistad, la vecindad y la solidaridad frente al vacío frenesí del materialismo. Vale la pena este sereno baño de humanidad, que confirma la declaración del incansable Sr. Liu: “Ducharse solo no da ni la mitad de gusto que bañarse aquí”.

Jerónimo José Martín