King Kong

Director: Peter Jackson. Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson, a partir del argumento de Merian C. Cooper y Edgar Wallace. Intérpretes: Naomi Watts, Adrien Brody, Jack Black, Jamie Bell, Andy Serkis. 187 min. Jóvenes. (V)

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Tras acometer de modo maestro la difícil adaptación de “El Señor de los Anillos”, el neozelandés Peter Jackson cumple un viejo sueño de infancia: contar la historia de King Kong que, en su versión de 1933 de Merian C. Cooper, alimentó sus deseos de hacer cine cuando era niño. El resultado es una notable película, ambiciosa al tratar de ampliar el alcance del original. Para ello, en el guión de Jackson, Fran Walsh y Philippa Boyens, se cuidan con esmero los tramos neoyorquinos que enmarcan la narración, que sirven primero para describir los duros años de la Depresión, y luego para construir el magnífico clímax en el Empire State Building. Entre medias tenemos el viaje en barco que conduce a un equipo de cine a una isla misteriosa, y sus andanzas entre prehistóricas criaturas y terroríficos indígenas.

Hay un deseo consciente de Jackson por hacer una gran película, donde no estén reñidos espectacularidad e intimismo: la sombra de “Titanic” de James Cameron es alargada. Una perfecta recreación de Times Square y los parajes selváticos no impide cuidar los personajes, incluidos los secundarios. Envalentonado por la duración de sus filmes tolkienianos, el director vuelve a apostar por el largo metraje. Hay en esto cierto error de cálculo, pues la sencilla trama de aventuras a la vieja usanza, por muy enriquecida que esté, no da para tanto; el film habría ganado con más concisión, sobre todo en la parte “jurásica”. No obstante, hay tanta pasión en la realización, que el resultado deslumbra.

Naomi Watts compone bien su actriz de vodevil, y la escena en que ejercita sus habilidades escénicas ante King Kong plasma bien la relación entre “la bella” y “la bestia”. Adrien Brody saca adelante su galán autor de teatro, obligado a escribir libretos para el cine, valiente a su pesar. Y Jack Black nos hace cómplices de su egoísta entusiasmo, cruce de un Orson Welles juvenil y el John Hammond de “Parque Jurásico”. El gigantesco gorila rezuma expresividad, labor encomiable del equipo de efectos especiales y del actor Andy Serkis, referencia perfecta para los casi humanos gestos del simio.

José María Aresté

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