Jeanne y el chico formidable

TÍTULO ORIGINAL Jeanne et le garçon formidable

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Directores: Olivier Ducastel y Jacques Martineau. Guión: Jacques Martineau. Intérpretes: Virginie Ledoyen, Mathieu Demy, Jacques Bonaffe, Valerie Bonneton, Frederic Gorny. 98 min. Adultos.

Jeanne es una jovencita sin norte y con una apretadísima agenda de encuentros sexuales (unos solo sugeridos y otros mostrados). Desoye los tímidos consejos de su hermana casada -que también tiene la moral floja- y de sus padres, que desconocen la verdad. Excusa sus urgentes visitas diciendo que está buscando al chico formidable. Lo encuentra. El chico formidable muere de SIDA. Y ella queda rota y sin recursos interiores ante una realidad seria: el dolor y la muerte.

El director y el director-guionista explican su película como si se tratara de la historia de unas vidas atractivas injustamente rotas por una enfermedad inesperada, contra la que hay que luchar ¡ya! Tal vez mienten pensando que así su película parezca más atractiva y desprejuiciada. Tal vez no mienten; pero la película en sí dice otra cosa distinta: dice que esas vidas están enfermas desde el principio; que el chico formidable, a la hora de la verdad -su próxima muerte-, huye a casa de sus padres, sin dejarle ni rastro a esa loca e inútil Jeanne; que hay un funeral por el eterno descanso del alma del chico formidable, al que la prescindible Jeanne no llega (en ningún sentido).

La narración es muy ágil, y su línea está muy rota con brevísimas secuencias, como un agitado mosaico de colores. Y queda lejos del mal melodrama porque a menudo se canta y baila, con más o menos técnica, pero siempre con pasión y convicción. La música de Philippe Miller es también natural y agradable.

Pedro Antonio Urbina

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