Jaime

Director: António-Pedro Vasconcelos. Guión: Carlos Saboga. Intérpretes: Saúl Fonseca, Fernanda Serrano, Joaquim Leitão, Sandro Silva, Vítor Norte. Guilherme Leme. 111 min. Adultos.

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Jaime, de 13 años, malvive en Oporto, luchando permanentemente por salir adelante. Sus padres están separados y él reside con su madre, una joven atractiva y algo irresponsable, que no acaba de encontrar trabajo fijo. Ante tal situación, el chaval busca cualquier clase de empleo, a la vez que intenta reconciliar a sus padres. Se opone a sus afanes un meticuloso inspector, dedicado a la erradicación del trabajo infantil ilegal.

Jaime fue una de las sorpresas más gratas del Festival de San Sebastián 1999, donde ganó un Premio Especial del Jurado. Se trata de una película extraordinaria, por su hondura humana, por su sencillez, porque se ven vividas las virtudes familiares con tanta inocencia y testarudez… y porque António-Pedro Vasconcelos dirige como si no dirigiera, y a los actores -muchos no profesionales- les hace decir toda su verdad y su amor…

Asumo unas palabras de Fernanda Serrano, que interpreta a la madre de Jaime: “Como Marta, mi gran amor es mi hijo. Puedo decir que Jaime es una historia de vida, de intenso amor, puro y hermoso. Las historias bonitas como esta son para ser oídas, sentidas y contadas”.

Por su parte, Saúl Fonseca, que da vida a Jaime, resume muy bien las motivaciones de su personaje al definirle como un chico “honesto y justo que quiere mucho a sus padres y que no quiere que estén separados”. Su perfil se completa con el de su amigo Ulisses (Sandro Silva); con él trabaja a escondidas para llevar dinero a casa, y no se dan cuenta de que son explotados. Y no van a la escuela creyendo que así son más libres, más útiles, y son explotados, por todos, hasta por su familia.

El inspector de trabajo, Coluna, que interpreta Nicolau Breyner, no logra convencer de estas razones ni a Jaime ni a Ulisses. Y el actor dice: “Jaime, un nombre como otro cualquiera, será para mí, desde ahora, el recuerdo de una experiencia muy grata, una película que espero que tenga entre el público una aceptación proporcional a la calidad y seriedad de su trabajo”.

Yo también lo deseo, por su verdad, por su perfección, porque es necesario oír y sentir lo que cuenta esta vigorosa aportación portuguesa al auge del cine social que se vive en Europa desde hace años.

Pedro Antonio Urbina

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