Hellboy 2. El ejército dorado

Guión: Guillermo del Toro. Intérpretes: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, James Dodd, John Alexander, Luke Goss, John Hurt, Jeffrey Tambor. 120 min. Jóvenes. (V)

Algunas veces segundas partes fueron buenas. Hellboy 2 es uno de esos casos. Guillermo del Toro no ha perdido el pulso respecto de la primera película; al contrario: ha madurado, cuenta con que su público ha visto la primera entrega de esta saga, lo que le permite entrar en materia sin tener que presentar a sus personajes, y tiene la imaginación desatada.

La segunda entrega de las aventuras del personaje de cómic inventado por Mike Mignola no está basada en ninguno de los álbumes del diablo rojo que lucha por el bien, sino que es una historia original concebida a medias por Guillermo del Toro y el propio Mignola. La contribución de Del Toro aporta humor, humanidad, barroquismo y -debido a su implicación en el proyecto The Hobbit– un toque mitológico que recuerda al mundo de Tolkien.

Del Toro humaniza a sus personajes convirtiendo a sus monstruos en seres vulnerables que tienen los mismos problemas que nosotros. Abe se enamora y se atreve a soñar que ese amor puede ser correspondido; Hellboy y Liz discuten como cualquier pareja; todos ellos tienen deseos de agradar y de ser apreciados por los hombres, que les necesitan pero les temen. Por si hubiera dudas sobre las intenciones del director, por televisión se pueden ver unas escenas de La novia de Frankenstein.

En el apartado de humor cabe destacar, además de asuntos domésticos, una divertida cuestión de liderazgo: los guionistas han inventado un personaje llamado Johann Krauss, un extraño teutón, con la cabeza llena de reglamentos y de humo, cuya relación jerárquica con Hellboy y su equipo es problemática.

El trabajo del equipo de Del Toro es muy bueno y la película visualmente muy atractiva. Además de las fantasías barrocas propias del director mexicano (recuerdan a las de El laberinto del fauno) se pueden reconocer elementos vistos en Star Wars y en Men in Black. Todo ello al servicio de una historia en la que hay batallas en las calles, batallas en las cloacas, y también en la ciudad perdida donde duerme el ejército dorado.

A pesar de que la historia no deja de ser una anécdota simplista de un personaje de tebeo, la intervención de los elfos, su honor y su empeño por salvar la tierra aportan cierto aire épico de grandeza.

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