Ruth es una octogenaria culta, elegante y con carácter que empieza a padecer demencia y se traslada a vivir a una residencia de ancianos. La película sigue la adaptación de Ruth a su nueva vida.
La joven cineasta Sarah Friedland parte de su experiencia personal –trabajó cuidando mayores y su abuela padeció demencia– para dirigir una película muy emotiva y con una visión realista pero luminosa de la vejez. Friedland filma con atención y humanidad el día a día del centro: la cocina, las rutinas, las relaciones de los ancianos con los enfermeros. La emoción y el sentido del humor se van conjugando, y hay momentos muy conseguidos y planos de una gran expresividad, como el que abre la película, que describe bien el mundo que va a abandonar la protagonista.
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La brillante interpretación de Kathleen Chalfant (Tiempo, Duplicity), elegante y expresiva tanto en el drama como en la comedia, sostiene la película. Con todo, para ser redonda, a Familiar Touch le falta algo más de consistencia en un guion que aparece algo deslavazado y naif. Las relaciones entre los personajes arrancan bien pero apenas se desarrollan.
Bonita, bien rodada, bien interpretada; pero le falta algo de fuerza para ser el retrato dramático profundo y esperanzador sobre la tercera edad que podría haber sido.