Erase una vez… un cuento al revés

Director: Paul J. Bolger. Guión: Rob Moreland. Dibujos animados. Música: Paul Buckley. Fotografía: David Dulac. Montaje: Ringo Hess. 85 min. Todos.

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Aunque sigue a años luz del que se hace en Hollywood o Japón, el cine de animación europeo se ha revitalizado notablemente en la última década. Ahí están las sugerentes aportaciones francesas –Bienvenidos a Belleville, Azur y Asmar-, las estimables producciones españolas –El bosque animado, El Cid, Los Reyes Magos, Gisaku– e incluso los discutibles intentos del italiano Enzo D’Alò: Historia de una gaviota (y el gato que le enseñó a volar) y Momo. En paralelo al auge de su cine de acción real, también en Alemania la animación ha tomado recientemente un nuevo impulso. Tras el éxito comercial de En busca de la piedra mágica, de Lenard Fritz Krawinkel y Holger Tappe, y Rebelión en la isla, del propio Tappe y Reinhard Kloos, se estrena ahora Érase una vez… un cuento al revés, coproducción germano-estadounidense, dirigida por el irlandés Paul J. Bolger.

En el País de los Cuentos de Hadas todo está en orden, hasta que se va de vacaciones el Mago que mantiene el eterno equilibrio entre el Bien y el Mal. Entonces, sus traviesos ayudantes, Mambo y Munk, juguetean con los diversos cuentos clásicos, hasta que la malvada madrastra de Cenicienta, Frida, se hace con el poder, y convoca bajo su mando a todos los malvados de los cuentos infantiles, con el objetivo de cambiar radicalmente los finales felices de los relatos. Luchará contra ellos Rick, criado del vanidoso Príncipe Azul, un chaval decidido que está enamorado en secreto de Cenicienta.

En su afán por introducir referencias a muchos populares personajes literarios, el guión de esta primera película como director de Bolger cae en algunas irregularidades narrativas, que rebajan un poco la atención del espectador, tanto adulto como infantil. Además, abusa a ratos de anacronismos humorísticos no siempre eficaces, pues dependen a menudo de circunstancias coyunturales y poco universales. De todas formas, el tono general de la historia es elegante, inteligente y divertido; ofrece imaginativos diseños de personajes y fondos, y se desarrolla a través de una notable animación en 3D, en la que no se aprecian los numerosos estudios, sobre todo europeos, que han participado en su realización.

Jerónimo José Martín