Encantada. La historia de Giselle

Guión: Bill Kelly. Intérpretes: Amy Adams, Patrick Dempsey, James Marsden, Timothy Spall, Idina Menzel. 103 min. Jóvenes.

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Después de demostrar sus cualidades para la animación en películas de Walt Disney como Goofy e hijo o Tarzán, el estadounidense Kevin Lima dio con éxito el salto al cine de acción real en 102 dálmatas. Ahora mezcla animación y acción real en Encantada. La historia de Giselle, entretenida actualización de la fórmula clásica de los cuentos de hadas.

La protagonista es la bella princesa Giselle, a la que una reina malvada expulsa de su mundo mágico y musical, y la envía al Nueva York actual. Al salir a la luz, Giselle, hasta ese momento un dibujo animado, se transforma en una bella joven con todos los cursis ademanes y modos de decir de las heroínas de los cuentos de hadas. Poco a poco se da cuenta de que en el caótico mundo real no funciona aquello de “fueron felices y comieron perdices”. Pero encuentra acogida por parte de un abogado divorciado y de su pequeña hija. Pronto, la malvada reina deberá tomar cartas en el asunto.

Desde su primera secuencia animada, esta original película extrema al máximo sus ironías sobre la cursi inocencia de los cuentos de hadas clásicos, según la versión de Walt Disney, desde Blancanieves a Cenicienta, pasando por La Bella Durmiente o Bambi. De esta manera, el nudo de la historia, ya en el mundo real, se llena de un eficacísimo humor paródico, asentado en la excelente interpretación de Amy Adams, que actúa en todo momento como si se tratara de una princesa de cuento. Sin embargo, esa chispa y ese buen humor se van apagando conforme avanza el metraje, y especialmente desde una boba secuencia consumista, que rompe hasta el desenlace el tono edificante y pedagógico que la película tenía hasta ese momento.

Por su parte, Kevin Lima se luce en los pasajes animados, dirige bien a todos los actores y rueda con frescura las secuencias de acción real, especialmente las diversas coreografías musicales, en las que brillan con luz propia las canciones de los oscarizados Alan Menken y Stephen Schwartz, que vuelven a demostrar su excelencia. Queda a sí una notable película familiar, irregular pero divertida, que da continuidad a las jugosas aportaciones de Walt Disney a este género, a menudo tan maltratado.