La boda de Tuya

Guión: Lu Wei y Wang Quan’an. Intérpretes: Yu Nan, Bater, Senge, Peng Hongxiang, Zhaya. 95 min. Adultos.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

La vida de los pastores nómadas en Mongolia no es fácil. Las temperaturas extremas, la pobreza y la industrialización indiscriminada acaban arrinconando a los habitantes de las estepas, cuando no les obligan a adoptar nuevas formas de vida. Wang Quan’an, uno de los directores representantes de la llamada Sexta Generación (que se caracteriza, entre otras cosas, por su observación de la sociedad contemporánea), parte de esta realidad, que ha conocido de cerca, para contar la historia de Tuya, una mujer guapa y fuerte que saca adelante a sus dos hijos y a Bater, su marido inválido al que quiere mucho. Bater, incapaz de soportar el sufrimiento de su mujer, la convence para que pida el divorcio y busque otro compañero. Tuya acepta con una condición: se casará con el hombre que, además de cuidarla a ella, se ocupe de Bater.

Con un ritmo lento, a ratos premioso, un estilo muy cercano al documental y una elegancia encomiable, Wang Quan’an narra una sencilla historia circular. En esta sencillez está el mayor logro y también el gran escollo de esta película, que consiguió el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2007.

La historia funciona muy bien durante la primera hora, mientras el espectador, deslumbrado por una buena fotografía (porque lo verdaderamente espectacular es el paisaje) y por unas interpretaciones muy creíbles (la mayoría de los protagonistas son pastores mongoles) se ve introducido, con esa misma naturalidad, en una realidad absolutamente ajena y que, sin embargo, consigue creerse. En este tramo de la película, uno llega a aceptar que lo único que le queda a una campesina china casada con un inválido es encontrar a quien admita la poliandria. Y con esta resignada aceptación, y mientras Bater le parece cada vez mejor persona, llega el clímax dramático… cuando todavía queda media película.

Es entonces, cuando entre tantas idas y venidas por la estepa, el espectador desconecta, pierde el hilo y empieza a pensar soluciones alternativas. Al final, queda la sensación de haber visto una película aceptable que, con un guión más trabajado, hubiera sido mucho mejor.