En honor a la verdad

TÍTULO ORIGINAL Courage under Fire

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Director: Edward Zwick. Guión: Patrick Sheane Duncan. Intérpretes: Denzel Washington, Meg Ryan, Lou Diamond Phillips, Michael Moriarty, Matt Damon. 120 min.

El coronel Serling (Denzel Washington) ha cometido un error fatal en la Guerra del Golfo, que ha costado la vida a un soldado de su unidad. Abrumando por el remordimiento, se refugia en el alcohol, descuidando así la atención a su mujer e hijos. El encargo de investigar los méritos de una mujer caída en combate se revela como una posible terapia. Se trata de la capitana de helicópteros Karen Emma Walden (Meg Ryan), la primera mujer candidata a la Medalla del Congreso. Todo apunta a un heroico comportamiento. Pero a medida que Serling hurga en los recuerdos de sus hombres, ese teórico valor se pone en entredicho.

Edward Zwick retoma la tradición del cine bélico norteamericano de los años 40 y 50, alejándose de los modelos más turbios ofrecidos por la filmografía de la guerra del Vietnam. Ello no significa cine patriotero, o sin puntos oscuros, que los hay, sino orgullo legítimo por el ejército y el valor en la línea de fuego. Zwick se ha decantado en su corta filmografía (Tiempos de gloria, Leyendas de pasión) por las historias de tono épico, que permiten ensalzar la lealtad, el coraje, el honor… Patrick Sheane Duncan, guionista del film, estructura la narración en torno a las indagaciones de Serling, entreveradas con su tragedia personal. El interrogatorio del coronel a los hombres implicados en la teórica gesta de Walden introduce una serie de flash-backs con testimonios a veces contradictorios; aunque este recurso no es muy original -recuérdese Rashomon de Kurosawa o Ciudadano Kane de Welles-, funciona. El film, por encima de la crítica de determinadas actitudes hipócritas, dictadas por la política, defiende la búsqueda de la verdad en la vida personal: una verdad que, si se acepta, libera, aunque conlleve una parte dolorosa.

La historia interesa, aunque quizá falte un mejor desarrollo de los personajes, una mayor fuerza en la expresión de las ideas, unos diálogos más trabajados; este pulimiento habría aportado más solidez al conjunto. De todos modos, estas carencias se camuflan con varios momentos dramáticos bien llevados, con el esfuerzo de todos los actores y con la épica banda sonora del especialista James Horner. El apartado donde Zwick se muestra sobresaliente es en el diseño de las escenas bélicas. Tiene este director la virtud de hacer comprensibles al profano los movimientos de tropas o el porqué de la elección de una posición para defenderla. Muchas películas de acción deberían tomar nota, y no aturdir con embarulladas secuencias, resueltas a base de un vertiginoso montaje.

José María Aresté