El toque silencioso

Director: Krzysztof Zanussi. Intérpretes: Max von Sydow, Lothaire Bluteau, Sarah Miles.

Krzysztof Zanussi (La estructura del cristal, Desde un país lejano) ha producido su última película fuera de Polonia, al igual que sus compatriotas Krzysztof Kieslowski y Agnieszka Holland. El film trata del amor y de la creatividad musical, como Azul, de Kieslowski, aunque tiene un enfoque y un estilo diferentes, más sobrios.

Un joven estudiante de música despierta una noche con unos sugerentes acordes musicales que no puede quitarse de la cabeza. Emocionado, acude a su venerable maestro, para dilucidar si esa música es de alguna composición conocida. Ambos coinciden en que bien podría pertenecer a un genial compositor polaco de origen judío, que abandonó su actividad creadora tras sufrir los horrores de la persecución nazi. El joven acude al lugar de retiro del anciano músico para lograr con sus acordes que vuelva a componer.

A partir de este sugestivo punto de partida, Zanussi aborda temas tan atractivos como la creatividad y el apasionamiento con la belleza de la música. El esquema narrativo es correcto y la música, elemento indispensable en un film de estas características, está bien orquestada por Wojciech Kilar. Pero la película está llena de pretensiones, con un tono marcadamente bergmaniano, y en algunos aspectos termina naufragando, quizá porque Zanussi no tiene muy claro el puerto adónde se dirige.

El compositor muestra una evolución aceptable, desde su amargura inicial hasta su renacida pasión por la vida tras la irrupción del joven estudiante. Pero este último personaje es algo críptico. El único rasgo que le define es su afán porque el maestro vuelva a regalar un poco de belleza al mundo. Por lo demás, es demasiado frío, poco creíble en su escaso interés por los demás. Busca al maestro una joven que le pase a limpio las partituras…, pero a la que el viejo músico termina amando. De este modo, su mujer, que ha estado a su lado toda la vida, se encuentra de pronto con una rival que no se reduce a un pasatiempo sexual.

Zanussi trata el amor de un modo confuso; de hecho parece considerar el enamoramiento como confusión. Resalta que el amor no es sólo sexo, que supone entrega a la persona amada. Pero en esta ocasión identifica el nuevo amor con una musa inspiradora, de modo que se podría justificar amar a dos mujeres.

José María Aresté

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