El romance de Astrea y Celadón

Director y guionista: Eric Rohmer. Intérpretes: Andy Gillet, Stéphanie de Crayencour, Cécille Cassel, Véronique Reymond, Serge Renko. 109 min. Adultos. (S)

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Creo que a nadie se escapa la estatura intelectual de Eric Rohmer, un anciano de 87 años que siempre ha ido por libre y que se morirá muy probablemente de esta forma, fiel a una manera coherentemente sostenida de entender el cine, la literatura, la fotografía, la pintura, la música y el teatro.

Comenzando de esta forma no pretendo poner el parche antes de arremeter contra una película no especialmente lograda. Es que me resulta interesantísima la exposición de motivos del director, autor en los años setenta de dos modélicas adaptaciones de obras literarias, La marquesa de O y Perceval le Gallois. Rohmer justifica la adaptación de un libro escasamente apreciado en la actualidad (un culebrón bucólico escrito en el primer tercio del siglo XVII por Honoré d’Urfé, que fue despachándolo durante la friolera de 21 años) y sus razones son exquisitas, propias de un hombre sabio que defiende una concepción “aristocrática” del cine que se niega a hablar en necio al vulgo.

“Sentí una afinidad indiscutible entre la novela y mis obras de cine -explica el propio Rohmer-. […] Toda la novela se construye alrededor del concepto central de ‘la fidelidad’ […]. De la misma forma, he notado que el tema de la fidelidad está presente de forma prácticamente constante en mis películas, ya sean Mi noche con Maud o Cuento de invierno, La coleccionista, Las noches de la luna llena, o muchas otras. […] Mis ‘películas de época’ no forman una serie como los Cuentos y los Proverbios, pero he notado que tienen algo en común por la forma en que son recibidas por el público contemporáneo. Pretenden hacer que una historia del pasado nos resulte más viva y más cercana”.

Por mi parte, más como crítico y estudioso de la obra de Rohmer que como espectador, me sigue alegrando encontrarme con el viejo Rohmer -profesor de literatura, redactor-jefe de Cahiers du Cinéma en su etapa más prestigiosa- aunque sea en una película menor, casi una TV movie, rodada en super 16 mm (vaya si se nota), con un diseño de producción tan espartano que uno se pregunta si está para la exhibición comercial. Lo mejor, las magníficas interpretaciones y la estrategia de Rohmer para minimizar el carácter intensamente digresivo y moroso de la obra adaptada, guardándole una exquisita fidelidad. Lo peor, sin duda, es la propia novela adaptada, un exponente (a ratos, verdaderamente plúmbeo) del barroco contrarreformista francés que presenta dificultades insalvables aún para alguien tan exquisito como Rohmer. Nunca mejor escrito, una película para especialistas.