El presidente y Miss Wade

TÍTULO ORIGINAL The American President

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Director: Rob Reiner. Intérpretes: Michael Douglas, Annette Bening, Martin Sheen, Michael J. Fox, Richard Dreyfuss, David Paymer.

Rob Reiner se resarce del fracaso en taquilla de Un muchacho llamado Norte, su anterior film. Esta vez apuesta sobre seguro con una historia con gancho popular, escrita por Aaron Sorkin, guionista de uno de sus más sonados éxitos: Algunos hombres buenos. Andrew Shepherd (Michael Douglas), demócrata, viudo y con una hija adolescente, es el presidente de Estados Unidos, cargo que apenas le deja tiempo libre. Menos aún para encontrar nueva esposa. Hasta que aparece en la Casa Blanca Sydney Wade (Annette Bening), una abogada que representa a un poderoso lobby ecologista.

Hay que juzgar la película como una fantasía romántica con ribetes políticos si no se quiere verla blanda o dulzona. Pero eso no es óbice para que Reiner y Sorkin aprovechen la historia con el objeto de vender ciertas ideas; eso sí, suavemente. Que Hollywood en la actualidad se inclina por los demócratas no es ningún secreto. El film, en este sentido, no se recata en presentar al héroe como miembro de este partido; y a los republicanos como adversarios caricaturescos que no siempre utilizan métodos honorables en las batallas políticas. El otro tema de fondo es el derecho del presidente a llevar una vida privada sin el acoso de los medios, ni utilizada como arma política. Aunque habría que preguntarse si la razonable defensa del derecho a la privacidad del político no se confunde con la renuncia a enjuiciar moralmente la conducta del personaje público.

El director hace una puesta en escena muy clásica y eficaz, que toma prestados elementos del cine de Frank Capra, a quien se cita explícitamente. Uno de los logros del film es introducir al espectador en la residencia presidencial, con la sensación de haberse colado para contemplar cómo se toman las grandes decisiones. La obsesión por las encuestas, y la capacidad de arriesgarse por sacar adelante leyes justas, aunque no sean en un primer momento populares, se introduce con acierto a través del personaje encarnado por Michael J. Fox. Este, junto al resto de un brillante reparto, contribuye en gran medida al encanto que desprende la película.

José María Aresté