El pabellón de los oficiales

TÍTULO ORIGINAL La chambre des officiers

DIRECCIÓN

GÉNEROS

Director y guionista: François Dupeyron. Intérpretes: Eric Caravaca, Sabine Azéma, André Dussollier, Denis Podalydès, Grégori Dérangère, Geraldine Pailhas. 135 minutos. Adultos.

En 1914, al poco de comenzar la I Guerra Mundial, Adrian, joven teniente francés de ingenieros, sale a inspeccionar un puente. Estalla un obús. Adrián pasará toda la guerra en el hospital militar de Val de Grâce. Primero luchará por sobrevivir, luego por recuperar un aspecto humano, pues su rostro ha quedado monstruosamente desfigurado. Finalmente, luchará consigo mismo por aceptar su deformidad y reincorporarse a la vida civil.

El francés François Dupeyron (La machine, ¿Qué es la vida?) ha realizado una película de guerra nada bélica. No pretende sorprender. No hay sobresaltos ni combates. Pero el horror de la guerra está presente en cada fotograma: heridos deformes, familiares y amigos, médicos y enfermeras, todos sufren. Y se palpa la repugnancia que inspiran esos supervivientes, convertidos en una cicatriz que no se puede ocultar. En ese pabellón, a menudo la desesperación y el suicidio terminan la tarea que comenzaron las bombas. El herido deforme teme no ser aceptado y él mismo no se acepta. La visita de la familia provoca pánico en vez de provocar alegría.

Dupeyron ha realizado un film elegante, en la mejor línea del buen cine francés, que ya recorrió Bertrand Tavernier en Capitán Conan. Huye del tremendismo. Prepara al espectador antes de revelar, en el momento oportuno, un rostro desfigurado. Y, por encima del horror, Dupeyron se interesa por la esperanza, por aquello -el humor, la amistad…- que hace que esos hombres recuperen la ilusión de vivir. Todos se plantean la existencia de Dios: unos creen, otros no. Dupeyron hace una concesión a la galería y muestra la breve visita de tres de estos heridos a un burdel. Más eficaz para su propósito es la sorpresa de esos hombres al descubrir que en el hospital hay una mujer, una enfermera que fue herida en un hospital de campaña; cortés alusión a las víctimas femeninas de aquella guerra, que suelen ser olvidadas.

Deliberadamente lenta, demasiado larga, esta versión de la novela de Marc Dugan es con todo una película notable que vale como documental de la otra cara de la guerra y como historia de superación.

Fernando Gil-Delgado

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