El otro barrio

Director y guionista: Salvador García Ruiz. Intérpretes: Jorge Alcázar, Álex Casanovas, Alberto Ferreiro, Pepa Pedroche, Empar Ferrer, Guillermo Toledo. 132 min. Jóvenes.

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Salvador García Ruiz dejó una buena impresión con Mensaka, su debut en la realización. En su segundo largo acude también a historia ajena y de escritora de moda, esta vez Elvira Lindo. Pero en el camino se deja el estilo sencillo del primer film, y hace una apuesta arriesgada de la que no acaba de salir bien parado.

El adolescente Ramón Fortuna vive una vida de horizontes estrechos en el barrio madrileño de Vallecas, junto a su madre viuda y su hermana soltera. Un desdichado accidente doméstico provoca la muerte de un vecino y dos heridos graves. Marcelo, abogado amigo de la familia y antiguo habitante del barrio, lleva la defensa legal del chaval, que es internado en un reformatorio.

La película rebosa calidez y contiene personajes con alma, cuyas historias interesan. Podía ser una gran película. ¿Qué lo impide? En primer lugar, el arranque, cuya fallida resolución descoloca; uno no sabe si se halla ante un drama social o ante una comedia negra. Luego algún pasaje onírico innecesario, y una fotografía artificiosa, que quizá quiere subrayar, con prescindible solemnidad, que se pretende contar la historia de el otro barrio, de aquello que ignoramos de esas gentes populares.

Sería injusto hundir El otro barrio. García Ruiz compone un memorable tejido de relaciones humanas creíbles. Los diálogos son auténticos, y los actores -sobresalientes todos, aunque Alex Casanovas está algo envarado- parecen nacidos para decirlos. La asunción del propio pasado se presenta como necesaria para vivir el presente y encarar el futuro con esperanza. La amistad en el reformatorio deviene en algo vital, y el amor conyugal -el abogado y su esposa- resulta atractivo, con conversaciones pletóricas de detalles cotidianos. Los responsables del reformatorio se preocupan de los chicos, no los ven como una carga. Incluso en sus aspectos más oscuros, como el secreto familiar, no hay una mirada simplificadora, sino un tono agridulce, donde cabe un humor suave y el subrayado de los errores. Desde luego, esta vez funciona mejor el García Ruiz guionista y director de actores que el García Ruiz realizador.

José María Aresté