El cine redescubre al espectador cristiano

Los productores advierten que una visión religiosa puede ser artística y comercial

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La muerte de Juan Pablo II y una película sobre la pasión y muerte de Jesucristo rodada en latín, hebreo y arameo por un célebre actor: dos hechos recientes que ofrecen muchas claves para entender qué está ocurriendo en EE.UU. y en otros países occidentales con raíces cristianas para que de pronto aparezcan en cartel películas que buscan específicamente a los espectadores cristianos y a todos los que puedan conectar con esa visión de la vida.

Como es bien sabido, las industrias del cine y la TV gastan mucho dinero y ocupan a muchas personas expertas para atraer al público. Se trata de encontrar la estrategia promocional adecuada para interesar al cliente y llevarlo al cine previo paso por taquilla. Tres meses después, si el espectador quedó satisfecho, podrá adquirir el DVD, a ser posible en edición de coleccionista, que es bastante más cara. En el ámbito de la TV se trata de sentar al espectador delante de la pantalla para que siga una serie o una miniserie, y vea los anuncios que la acompañan. Si el espectador queda satisfecho comprará el “pack” con los DVD correspondientes.

Marketing directo en la parroquia

En 2004, “La Pasión de Cristo”, película dirigida por Mel Gibson, obtuvo más de 600 millones de dólares en las taquillas de cine. La cinta, producida por el propio Gibson, no fue distribuida por ninguna de las grandes empresas del cine norteamericano y se encontró con un ambiente bastante hostil por parte de un sector de la crítica, que antes de ver la película cargó contra ella.

Después del extraordinario éxito de público en los cines, la Fox, una “major”, se apresuró para hacerse con la distribución en DVD de la película de Gibson. Vendió 15 millones de copias. Esta breve descripción de lo ocurrido encierra algunos detalles especialmente relevantes. El primero es que la gran industria de Hollywood no confió en una película así (con un tema así, con un tratamiento así).

Icon, la productora de Gibson, después de observar el panorama, optó por una estrategia novedosa: no gastarían sus energías de “marketing” en los circuitos comerciales convencionales. Irían a enseñar la película a los lugares de reunión de los cristianos practicantes, porque eran ellos, sin lugar a dudas, los que verían la película y los que hablarían de ella a otras personas -muchas no cristianas-, con un interés y una eficacia muy superior a la de cualquier empresa de publicidad. El boca-oreja tenía que funcionar, pero para ello era necesario ganarse a los sacerdotes o pastores que estaban al frente de parroquias e iglesias.

Aunque el asunto es muy interesante y tiene muchos más pormenores (por ejemplo, la relación de los distribuidores con las oficinas de medios de comunicación social de las Conferencias Episcopales y la organización de pases privados y anticipados de la película a sacerdotes, religiosos y seglares católicos dedicados al periodismo, la docencia o la catequesis), no nos extenderemos más.

Otra revelación para la industria audiovisual fue la muerte de Juan Pablo II, el 2 abril de 2005. Los productores de cine y TV observan una reacción sin precedentes, toman buena nota y extraen conclusiones. En un tiempo récord de reacción se emiten en TV varias miniseries sobre la vida del Papa polaco. Todas comparten un buen diseño de producción y buenas interpretaciones. Se trata de contar a la gente (cristianos y no cristianos) la vida de un personaje querido y admirado. Hay que hacerlo con amenidad y usando las estrategias narrativas de la ficción audiovisual, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los espectadores no ha leído biografías sobre Karol Wojtyla.

Una nueva división en la Fox

A la vista del panorama, no es sorprendente que la Fox, compañía presidida por Rupert Murdoch, haya creado Foxfaith (www.foxfaith.com), una división que producirá y distribuirá películas concebidas para interesar a espectadores cristianos, ya sea por los temas o por el diseño de los personajes o por los ideales que les mueven. Los responsables de Foxfaith, después de contactar con 90.000 iglesias cristianas, han conseguido una base de datos con 14 millones de hogares cristianos y parecen dispuestos a seguir las reglas de un público que tiene derecho a consumir el cine que le parezca conveniente.

El cliente es el que manda porque es el que demanda. Por eso, Fox ha rebuscado en su catálogo para ofrecer películas en DVD que puedan gustar a los cristianos. A la vez, ha empezado a producir este tipo de películas para estrenarlas en los cines: la primera es “Love’s Abiding Joy”, adaptación al cine de una novela de Jeanette Oke, un “western” sobre familias cristianas en la conquista del Oeste. El director es Michael Landon Jr., hijo del creador de la serie televisiva “La casa de la pradera” (“Little House on The Prairie”, 1974). El presupuesto asciende a 2 millones de dólares y se invertirán 5 más en la promoción. Un acuerdo con dos cadenas de exhibición garantiza un mínimo de doscientas salas en Estados Unidos. No es un estreno masivo, pero servirá para que la película llegue al DVD con paso previo por los cines: los DVD de películas no estrenadas en el cine se venden con mucha más dificultad.

La Fox no es la única compañía que ha tomado conciencia de la fuerza del sector cristiano en el pastel de los clientes potenciales. Disney creyó en “Las crónicas de Narnia”, una fábula aventurera con un evidente sentido alegórico en clave cristiana, y los beneficios en cine y DVD han sido espectaculares (745 millones de dólares). Tanto Disney como Sony-Columbia se disponen a proceder de manera similar a la Fox, prestando una atención singular al tipo de películas que agradan al espectador cristiano y a los espectadores que sin serlo sintonizan con ese dial de valores e inquietudes.

Las películas de este tipo no tienen por qué ser necesariamente de tema bíblico o directamente religioso. Más importante, y a menudo más difícil, es contar historias que muestren personajes y situaciones que, en medio de la complejidad de las vicisitudes humanas, reflejen un sentido trascendente de la vida.

Dos películas muy distintas, pero sí de contenido directamente religioso, se han estrenado estos días en los cines: “Natividad” y “El gran silencio”. De la primera hablamos más abajo. Sobre la segunda, un excelente documental alemán (ver crítica en Aceprensa 119/06), ofrecemos en este servicio una entrevista con su director, Philip Gröning.

Alberto Fijo

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