Dioses y monstruos

TÍTULO ORIGINAL Gods and Monsters

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Director y guionista: Bill Condon. Intérpretes: Ian McKellen, Brendan Fraser, Lynn Redgrave, Lolita Davidovich, Kevin J. O’Connor. 100 min. Adultos.

El director de cine James Whale (personaje real que dirigió Frankenstein, La novia de Frankenstein, El hombre invisible) vive un tranquilo retiro en su lujosa mansión. Pura apariencia. Su estado de salud es delicado. La llegada a casa de Boone, un apuesto jardinero, parece animar a un Whale que no oculta su homosexualidad.

Para ser un desconocido, de filmografía gris, se puede asegurar que Bill Condon ha dado la campanada. Su libreto es, sencillamente, brillante; lo que le ha valido un Oscar. El artificio de presentar a Whale como un nuevo doctor Frankenstein, que está diseñando en Boone un monstruo, sirve como columna vertebral de una historia que atrapa. Condon también acierta en la realización: agilidad, buen apoyo en la partitura, planos llenos de poesía como el último del film, en el que Boone imita al monstruo. A esto se suma una magnífica definición de personajes y sus relaciones, donde dominan amistad y lealtad.

La militancia homosexual del film, que incluye algún pasaje desagradable, recuerda algo a Philadelphia. Aunque Dioses y monstruos demuestra mayor sutileza. El film de Condon respira romanticismo por el mundo del cine, tal y como ocurría en Ed Wood. Pero si ahí se apostaba por el optimismo a toda costa, aun en medio de las penas, aquí se agarra la vena de la tragedia y del cansancio de vivir. Uno de los planos del film, tomado prestado de El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder, deja bien sentado por dónde van los tiros.

José María Aresté

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