Director y guionista: Hal Salwen. Intérpretes: Alanna Ubach, Tim Daily, Caroleen Feeney, Aida Turturro. 80 min.
El guionista neoyorquino Hal Salwen debuta como director con esta sátira sobre la incomunicación y la soledad en el mundo actual, que ganó en 1995 numerosos premios en diversos festivales: Mención Especial a la Cámara de Oro en Cannes, Premio Especial del Jurado en Deauville, Premio de la Juventud en Valladolid…
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El guión describe en clave de parodia el desconcierto vital de un grupo de chicos y chicas, jóvenes profesionales de Nueva York. Todos ellos son adictos al trabajo y están enganchados permanentemente al teléfono, al contestador automático, al fax y al ordenador portátil, únicos medios que tienen para comunicarse entre sí. Casi no se han visto nunca -sólo se conocen por la voz-, no salen de su habitáculo de trabajo -están abonados a la comida a domicilio-, no asisten a las fiestas que ellos mismos organizan -acaban por conformarse con una conferencia multilínea- y hasta el sexo lo reducen a un erotismo telefónico. La patética rutina del grupo se romperá cuando se añada a las conversaciones telefónicas Denise, una joven inocente y vitalista que se ha quedado embarazada por inseminación artificial de uno de los yuppies. A este inesperado padre biológico, que vivirá sin pretenderlo las alegrías de la paternidad -por vía telefónica, claro-, se le abrirá una puerta para salir de la cárcel tecnológica en la que viven él y sus amigos.
El principal desafío que afronta Salwen es mantener el interés por una trama desarrollada exclusivamente a través de conversaciones telefónicas. Sale airoso de la prueba gracias a que su férreo y ágil guión, lleno de diálogos brillantes, define con tiralíneas a todos los personajes, muy bien encarnados por un sobresaliente elenco de jóvenes actores. Para fortalecer visualmente esta frescura narrativa, Salwen lleva a cabo una sobria puesta en escena -dominada por primeros planos y planos medios-, que prima los gestos de los actores y subraya en los decorados el mundo claustrofóbico en que viven. Así, la historia se sigue con creciente interés, a pesar de su estructura reiterativa.
El tono ácido e incisivo que adopta Salwen en su feroz caricatura del mundo actual recuerda el estilo de cineastas independientes como Jim Jarmush o Spike Lee, aunque quizá su principal referencia sea el cine de Woody Allen. De todos modos, Halwen supera el cinismo característico de esos autores y encuentra finalmente motivos para la esperanza. Para él, el mundo actual, dominado por las tiránicas adicciones que provoca la tecnología, está abocado a la incomunicación, a la deshumanización, entre cuyas manifestaciones incluye acertadamente la inseminación artificial. Esa tiranía tecnocrática sería una de las causas principales de la adicción al trabajo y de la creciente huida de todo lo que suponga un compromiso estable no laboral: la amistad, el matrimonio, la solidaridad efectiva, una moral objetiva…, incluso las aficiones. En este sentido, resulta especialmente dramático el pasaje que describe la muerte de una chica del grupo: todos se enteran del fallecimiento por teléfono y ninguno tiene el valor de asistir al funeral.
Salwen expone todas estas ideas con lucidez y sentido del humor, dando siempre preferencia a la reflexión intelectual sobre las reacciones puramente sentimentales, y en un tono sarcástico, pero amable, que sólo resulta desagradable e innecesariamente explícito en lo referente al sexo. En todo caso, su película abre una sugerente vía narrativa en el panorama mayoritariamente anodino del cine norteamericano actual.
Jerónimo José Martín