La foto de compromiso

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Directora: Kayo Hatta. Guión: Kayo y Mari Hatta. Intérpretes: Youki Kudoh, Akira Takayama, Tamlyn Tomita, Toshiro Mifune, Cary-Hiroyuki Tagawa, Yoko Sugi. 96 min.

Tokio, 1918. Riyo (Youki Kudoh), una delicada y bella joven de ciudad, pierde a sus padres durante una epidemia de tuberculosis. Por eso acepta casarse con Matsuji (Akira Takayama), un japonés que emigró hace años a Hawai y al que sólo conoce por una fotografía. Cuando llega a Hawai, Riyo se lleva una doble decepción: Matsuji es veinte años mayor que ella y además trabaja como peón en la plantación de caña de azúcar de un hacendado norteamericano. En medio del durísimo y mal retribuido trabajo agrícola, que provoca constantes enfrentamientos con los capataces, Matsuji luchará por ganarse el amor de Riyo, que sólo piensa en volver cuanto antes a Japón.

En esta primera película como directora, la japonesanorteamericana Kayo Hatta plantea, a partir de hechos reales, una historia llena de emotividad y lirismo, que intenta profundizar en las raíces del amor y en la lucha por la libertad de unas personas obligadas a asumir un duro mestizaje cultural. La sinceridad y hondura de su propuesta le valió el Premio del Público a la mejor película dramática en el Festival de Sundance de 1995.

El principal atractivo del film es el delicado retrato que hace de la singular historia de amor entre Riyo y Matsuji, marcada por el perseverante cariño de éste, a pesar del desdén de la chica frente a la atracción sexual que despierta en él. En este sentido, resulta un acierto que la directora exprese este elemento erótico de modo contenido. Riyo, atormentada por un doloroso pasado y por un presente sin horizontes, evoluciona positivamente gracias a la amistad con Kana -muy bien interpretada por Tamlym Tomita-, una valiente mujer que ha pasado por su misma situación. Estas tramas principales se enriquecen con otras que crean los personajes secundarios, entre los que cabe destacar el interpretado por el mítico actor japonés Toshiro Mifune.

Kayo Hatta hilvana bien este complejo entramado de relaciones humanas con una férrea dirección de actores y con un adecuado ritmo narrativo, de lenta cadencia. Sólo se empantana cuando reitera en exceso los paralelismos simbólicos del drama de los personajes con la exuberante naturaleza que los rodea. De todos modos, en esos momentos sabe mantener el interés dando un mayor protagonismo a la preciosa fotografía de Claudio Rocha y a la sugestiva partitura de Mark Adler. Más torpe y superficial se muestra Hatta cuando contrapone la ancestral religiosidad sintoísta de esos emigrantes japoneses con los valores cristianos que descubren en Hawai.

Jerónimo José Martín

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