Days of Glory

TÍTULO ORIGINAL Indigènes

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Director: Rachid Buchareb. Guión: Rachid Bouchareb y Olivier Lorelle. Intérpretes: Jamel Debbouze, Samy Naceri, Roschdy Zem, Sami Bouajila, Bernard Blancan. Jóvenes. (VSD)

Hasta hace poco la sociedad francesa ha cerrado los ojos a la contribución de los originarios de sus antiguas colonias al esfuerzo bélico de la Segunda Guerra Mundial. Incluso cuando se produjo la descolonización, el Estado acabó retirando las pensiones a las que, como veteranos de guerra, tenían derecho. Por ello este film puede definirse como un acto de “justicia poética”, pues viene a poner, ante la opinión pública, la injusticia cometida. Y lo hace con una trama repleta de humanidad, que nos recuerda que los que se encuentran en medio del fragor de la batalla son seres humanos, no importa el color de su piel, o el idioma en que se expresan. El grandioso lienzo de la lucha en Europa, donde se salta de un escenario bélico a otro, no impide, al contrario, la definición de una serie de personajes que vienen del Magreb dispuestos a luchar por los ideales que encarna la República de Francia, a la que consideran su país, a pesar de que en ocasiones, demasiadas, sean tratados como ciudadanos de segunda.

Rachid Bouchareb (“Little Senegal”), gracias al documentado guión escrito junto con Olivier Lorelle, sabe dar matices a los distintos tipos humanos de la trama, que encajan bien en determinados arquetipos, pero sin caer en el tópico, con su punto de originalidad. El intelectual, que reclama un trato semejante al de los soldados nacidos en Francia; el analfabeto pero espabilado asistente del sargento; éste que se avergüenza de sus orígenes; los hermanos, muy unidos; el cabrero que encuentra el amor en una linda francesita… conforman una interesante y creíble galería de combatientes, encarnados por un reparto excepcional.

En cierto modo, se podría considerar el film deudor de títulos como “Salvar al soldado Ryan”, donde el fragor de la batalla -son espectaculares las escenas bélicas- no impide fijar la atención en un rico microcosmos. A tal efecto todo el tramo final, que se desarrolla en un pueblecito francés donde la suerte de los civiles depende de los magrebíes, está desarrollado de un modo que roza la perfección. Su sacrificio frente a los alemanes es heroico, y ruin el modo en que es olvidado, no por mala voluntad -sino cosa tal vez peor- porque en el fondo esos hombres no cuentan. La escena en que un soldado trata de recordar a un oficial cierta promesa es conmovedora por esa “invisibilidad” forzada.

José María Aresté