Comandante

Director y guionista: Oliver Stone. Documental. 99 min. Jóvenes.

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Este film es un reportaje sobre Fidel Castro auspiciado por la cadena especializada norteamericana HBO y por la compañía española Media Pro, del catalán Jaime Roures, cuya primera película fue Los lunes al sol. Oliver Stone y su equipo (está el montador de Amores Perros y la música es del español Alberto Iglesias, colaborador habitual de Almodóvar y Medem) han registrado el show Castro con estética Dogma y bastante devoción: el líder cubano despliega su conocida verborrea y se dedica un monumental homenaje.

La HBO, tras las recientes sentencias de muerte y ejecuciones de anticastristas, exigió a Stone volver a la isla para grabar más material que debía incluir, además de preguntas menos complacientes para Castro, entrevistas y testimonios de disidentes y familiares de gente encarcelada por él. Esas personas han declarado que la actitud de Stone fue altiva y distante, con regusto hostil y retintín sardónico.

Este texto promocional de la película no tiene desperdicio: “Después de tres días de rodaje, Stone nos ofrece -extraído de más de 30 horas de entrevistas y conversaciones- un retrato íntimo y humano del líder cubano. Compartiendo el riesgo con Castro, Stone se pone delante de la cámara y crea un clima cercano que favorece respuestas del líder cubano difíciles de obtener de otro modo, consiguiendo inéditas reflexiones sobre el estado de su gobierno, la actual situación política internacional y reveladores detalles de la historia del siglo XX”.

Efectivamente, gracias a la generosidad de Stone, Castro puede mostrarse como un abuelete encantador, asistido por su intérprete de toda la vida que le ama como a un padre. Detrás de las peroratas interminables se intuye al dictador omnímodo e implacable, con más conchas que un galápago. Con la aquiescencia de Stone, siempre dispuesto a dar la réplica -en sentido actoral-, Castro despliega un kilométrico mitin en distintos escenarios, con los mensajes de siempre: yo soy buenísimo, yo era muy amigo de Ernesto (Guevara) y le intenté salvar pero él no quiso, Kennedy era buena gente pero la CIA le tenía atrapado, yo soy la reencarnación de Martí, etc., etc., etc.

Se rueda donde y cuando quiere el dictador; a las calles por donde pasa el coche con los dos amiguetes, Fidel y Oliver, sólo les falta un lacito. No se priva el tirano de entrar con sus invitados… ¡en una iglesia!, para dejar constancia de su tolerancia y bondadosidad. En fin, Castro, después de llevar al buen Oliver al aeropuerto y despedirle con besitos, ya le habrá recomendado a Chávez que le dé un llamazo para que se dé una vuelta por Venezuela.

Alberto Fijo

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