El movimiento de los chalecos amarillos, que estalló en Francia en octubre de 2018, dejó imágenes de algunas manifestaciones muy violentas donde hubo también excesos por parte de la policia.
El franco-alemán Dominik Moll (Harry, un amigo que os quiere, Solo las bestias) parte de esta realidad para ficcionar el caso de un joven que acude a París con su familia para participar en una de estas manifestaciones y acaba gravemente herido en un hospital. Stephanie, que es una agente de asuntos internos, investiga el caso enfrentándose a sus compañeros policías y recibiendo también críticas de las víctimas.
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Estamos ante un thriller jurídico correcto aunque poco original. En la primera parte falta un poco de ritmo y el suspense es nulo. El segundo tramo mejora y, sobre todo, culmina la construcción de un personaje que sí aporta profundidad a la película y se aleja de planteamientos ideológicos superficiales. La agente Stephanie –notable interpretación de Léa Drucker– está convencida de que el papel de la policía es esencial… siempre que no atraviese ciertas líneas rojas. De ahí su compromiso con la verdad, cueste lo que cueste y afecte a quien afecte.
Una película que puede introducir más de un forum sobre la ética de todas las profesiones y el buen uso de la autoridad.