Bulworth

Director: Warren Beatty. Guión: Warren Beatty y Jeremy Pikser. Intérpretes: Warren Beatty, Halle Berry, Don Cheadle, Oliver Platt, Paul Sorvino, Jack Warden. 105 min. Adultos.

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El senador demócrata Jay Bulworth está en campaña para su reelección. Aunque ante el público es todo sonrisas, y junto a su mujer vende la imagen de un matrimonio unido, no es feliz. En absoluto. Su vida personal es un desastre y sus ideales políticos -si alguna vez los tuvo- se han prostituido. La situación ha llegado a tal extremo de demencia que contrata a un asesino profesional para que le mate durante el fin de semana. En el escaso tiempo que le queda conoce a alguien que le muestra afecto; a la vez, se aficiona al sano ejercicio de decir, a sus posibles votantes, lo que de verdad piensa sobre el circo político. Así que recupera su apego por la vida. Pero detener ahora al asesino no es tan sencillo.

Warren Beatty, actor, guionista, director y productor, orquesta una durísima crítica a la clase política. Sus simpatías por la izquierda son conocidas -recuérdese su film Rojos-; pero en esta ocasión sacude con contundencia a la corrupción, que campa a sus anchas en todo el espectro político; no sólo entre los republicanos (no les concede, siquiera, el beneficio de la duda), sino también entre unos demócratas que creen tener asegurado el voto de las clases desfavorecidas. Lo hace con una fábula política que no pretende ser creíble al cien por cien sino, simplemente, provocar la reflexión. El film se alinea con títulos como El candidato o Cortina de humo para hablar de unos políticos cada vez más alejados de los problemas de la gente, y que consideran su trabajo como un negocio y poco más.

El guión es sólido, la película avanza por cauces bien determinados. Hay un humor corrosivo, eficaz en sus propósitos. Lo que se ve (fotografía de Vittorio Storaro, dirección artística de Dean Tavoularis) y se oye (partitura de Ennio Morricone) refuerza la historia. Entre los actores destaca Oliver Platt, secundario de lujo, mientras que la desconocida Halle Barry no da la talla como amante de Beatty.

La crítica que se pretende pierde algo de fuelle por los caminos de libertad en los que se introduce el senador tras una noche de juerga en una discoteca donde corre la droga. De acuerdo: en la aventura sentimental de Bulworth subyace el deseo de encontrar el amor, de una mujer y de una familia; pero la óptica, confusa, confía poco en la posibilidad de establecer vínculos duraderos.

También lastra la historia el empeño de Warren Beatty por imaginar que Bulworth suelta verdades como puños a ritmo de rap: música pesadita, sin duda con adeptos, pero que no parece la herramienta idónea para esta película.

José María Aresté

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