Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Tres mujeres asisten, con unos hombres misteriosos, a varias sesiones de terapia en un centro de rehabilitación para personas que han intentado suicidarse. Durante las extrañas reuniones, dirigidas por una vitalista terapeuta, esas mujeres son enfrentadas a los grandes temas, desvelando con sus respuestas la vacuidad de sus traumatizadas vidas, dedicadas a la búsqueda del placer a cualquier precio.

Tras La reina Isabel en persona, Teresa, Teresa y La mirada de Ouka Leele, Rafael Gordon escribe y dirige este audaz experimento fílmico-teatral, con toques surrealistas, en el que indaga en el decadente nihilismo hedonista de la sociedad actual. En el filme, la esperanza irrumpe a través del dolor compartido, la amistad sincera, el arrepentimiento, el amor más allá de la pulsión sexual y la fe en Dios. Un Dios que “es modesto y sólo da pistas de su existencia”, y que “nunca golpea con las dos manos” porque es padre y madre. Por eso, “amar a Dios y vivir son la misma cosa. Dios es la vida”.

Gordon quizás encripta demasiado estas bellas ideas a lo largo de la tarantiniana verborrea cínica de las protagonistas, a las que conduce hasta el borde de lo grotesco o lo sórdido. En todo caso, dirige bien al reparto y disimula sus carencias presupuestarias con una planificación esmerada, en la que articula paradójicas críticas-homenaje a Mondrian, Freud, Ana Frank, Schopenhauer, Virginia Woolf, Sylvia Plath… Una película compleja e inclasificable, pero que deja poso, sobre todo cuando se piensa.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares