Baran (Lluvia)

Guión: Majid Majidi. Intérpretes: Zahra Bahrami, Hossein Abedini, Mohammad Amir Naji, Abbas Rahimi, Gholam Alí Bakhshi, Hossein Mahjoob. 94 min. Jóvenes.

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Actor antes que realizador, Majid Majidi se ha convertido en el director iraní con más proyección internacional. Tras sorprender gratamente y ganar diversos galardones con Baduk, El padre y Viene Dios, parece abonado desde hace años al Festival de Montreal, donde ha obtenido el Gran Premio de las Américas en tres ocasiones: por Niños del paraíso, El color del paraíso y ahora Baran (Lluvia).

Lateef, un inquieto y perezoso adolescente turco-iraní, hace de portero en un edificio en construcción dirigido por su tío Memar. Allí trabajan ilegalmente numerosos refugiados afganos, del millón y medio que han emigrado a Irán en la última década. Uno de ellos sufre un grave accidente, y manda para sustituirle a su hijo Rhamat, un chaval introvertido y débil que pronto se convierte en objeto de burlas. Hasta que poco a poco se va ganando la confianza de todos por su buen manejo de la cocina del lugar. Y es que, claro, Rhamat en realidad se llama Baran y es una chica, de la que inmediatamente se enamora el díscolo de Lateef. Pero las constantes inspecciones laborales y la violenta situación en Afganistán entorpecen el incipiente romance entre ambos.

Lo primero que sorprende es la similitud del planteamiento con el de Osama, la famosa película afgana que acaparó premios la temporada pasada. Una semejanza que pone de manifiesto la difícil situación de muchas mujeres en los países musulmanes, donde tienen muy limitados sus derechos. Además de este suave feminismo -muy habitual en el cine iraní reciente-, el film ofrece un análisis social en un tono más duro que en las anteriores películas de Majidi, aunque ciertamente se suaviza con la bella historia de amor, plagada de esos arrebatadores detalles de guión y puesta en escena que han convertido al cine iraní en uno de los más vitales de la actualidad. La pobreza de los inmigrantes afganos, la dureza de muchos de sus trabajos, la compleja integración racial en Irán y la agobiante presión de la burocracia son retratadas con sutileza y vigor a través de unos actores que no lo son, y por eso convencen, y de una factura visual y musical exquisita, donde brillan por igual la impecable planificación de Majidi, la envolvente fotografía de Davudi y la música de Pezhman, enriquecida esta vez por las aportaciones del folklore afgano.

Jerónimo José Martín

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