Ali tiene 18 años, trabaja en un supermercado y sale con un compañero locamente enamorado de ella. El problema es que Ali tiene pánico a conducir y a enamorarse. Y se pasa la vida huyendo del profesor de su autoescuela… y del resto de los hombres. Lo de los coches no queda muy claro por qué, pero lo del amor parece acción-reacción por tener una madre que lleva años dando tumbos afectivos.
El español Paco R. Baños ganó el premio a la mejor ópera prima en la pasada edición del Festival de Málaga por esta película fresca, simpática, modesta en sus pretensiones, con algunos problemas de ritmo… pero con aciertos indudables. Por ejemplo, la pareja protagonista (sensacional Nadia de Santiago y muy bien Verónica Forqué), el personaje de Julián Vilagrán o la mirada crítica, y al mismo tiempo, condescendiente hacia unos adultos que, por no decidirse a serlo, se llevan por delante las vidas de sus hijos. Porque, si deja algo claro Ali, es que una adolescente, por muy madura y desenvuelta que parezca, necesita una referencia sólida donde apoyarse y esa, o viene de la familia, o es difícil que venga de otra parte.
En ese sentido, la cinta aborda, sin demasiada profundidad pero con sentido común y un buen manejo del diálogo, temas como el sentimentalismo epidérmico, la banalización del sexo, la necesidad de una educación sólida que no ponga el acento en los aspectos más materiales, etc. Y lo hace, al margen del arranque bastante tosco, con contención y elegancia.