Al límite

TÍTULO ORIGINAL Bringing Out the Dead

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Director: Martin Scorsese. Guión: Paul Schrader. Intérpretes: Nicolas Cage, Patricia Arquette, John Goodman, Ving Rhames, Tom Sizemore, Marc Anthony, Mary Beth Hurt. 120 min. Adultos.

La noche neoyorquina. Principios de los 90. Entre los vehículos que pueblan las calles destacan las ambulancias, que con sus luces y sirenas se dirigen a toda velocidad allí donde surge una emergencia. Frank Pierce, conductor de una de ellas, está en plena crisis espiritual, pues el estímulo que supone resucitar a veces a un moribundo tiene su contrapeso en las muertes inevitables, en la contemplación de tanta degradación humana, en los refugios buscados por sus compañeros para soportar la tensión (resignación, cinismo, religiosidad deformada, agresividad…), que a veces rozan la locura. Cuando Frank salva a uno de sus pacientes, se fija en su hija Mary que, quizá, pueda suponer un rayo de luz en sus horas más bajas.

Martin Scorsese, director, y Paul Schrader, guionista. Una colaboración que abarca Taxi Driver, Toro salvaje y La última tentación de Cristo. Ahora ambos autores se basan en un libro de Joe Connelly, que trabajó durante diez años en el equipo de una ambulancia. Hay material más que suficiente para las almas algo atormentadas de Scorsese y Schrader. De hecho resulta inevitable la comparación con Taxi Driver. Igual que ocurría en ese film, Al límite sigue las andanzas nocturnas de un personaje que ha tocado fondo, y que se mueve con su vehículo por las calles de Nueva York. Resulta agobiante la composición que Nicolas Cage hace de Frank: una buena persona que no encuentra sentido a su vida, y que es incapaz de aceptar que el dolor o la muerte de una persona, con el sufrimiento de sus seres queridos, pueda revestir algún aspecto positivo. En tal sentido, el acto final de valentía de Frank con uno de sus pacientes está… vacío, es una compasión ¿de qué? Cuestiones como la deshumanización del sistema sanitario, o dónde se halla el límite entre la vida y la muerte, son apuntadas levemente, pero no se tratan con hondura. Y tal como se plantea el film, parece poco menos que imposible abordar de modo positivo el trabajo en una ambulancia.

Estamos, seguramente, ante uno de los films más tediosos de Scorsese. Una vez planteada la historia, todo es un continuo insistir en la desesperanza. Hasta tal punto es así, que el director parece abandonarse a un brillante pero inútil ejercicio de estilo. El valor técnico de las imágenes nocturnas de la Gran Manzana, tomadas desde la ambulancia con distintas cámaras y velocidades, es sin duda grande; pero no son suficientes para justificar una larga película que nunca sale de las aguas pantanosas desde las que inicia su andadura.

José María Aresté

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