Agnes Browne

Director: Anjelica Huston. Guión: Brendan O'Carroll y John Goldsmith. Intérpretes: Anjelica Huston, Marion O'Dwyer, Niall O'Shea, Ciaran Owens, Roxanna Williams, Carl Power, Mark Power, James Lappin. 91 min. Jóvenes.

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Agnes Browne, madre de siete hijos, acaba de enviudar. Con un modesto puesto de frutas en la dublinesa Market Street, su situación no es precisamente desahogada. El entierro de su esposo le ha obligado a pedir un préstamo a un usurero. Así, entre los esfuerzos por librarse de las deudas y por sacar adelante a su numerosa prole, y la amistad con Marion, a la que diagnostican un cáncer, va pasando la vida. Una vida llena de sentido, pese a las dificultades: el amor -a Dios, a los hijos, a sus amigas, ¿a un posible nuevo esposo?- lo hace posible.

Anjelica Huston había demostrado con creces sus dotes de actriz, como demuestra su Oscar por El honor de los Prizzi. Triunfar también detrás de la cámara, teniendo el ilustre precedente de su progenitor John -responsable de El halcón maltés, La reina de África o La jungla de asfalto-, era una tarea arriesgada. Desconozco Bastard Out of Carolina, su opera prima; pero acierta plenamente con su segundo film. Producido por ella misma y el irlandés Jim Sheridan, toma como base la novela The Mammy, de Brendan O’Carroll, inspirada en sus propios seriales radiofónicos de los años 60.

El film, entrañable, conjuga el drama de la vida con las relaciones y metas que hacen que valga la pena tener un papel en dicho drama. La directora y protagonista sabe construir un personaje de una pieza: fuerte y frágil, brusco y tierno, conocedora de lo que es la calle, y empeñada en cuidar de su hogar. Las escenas que dibujan su amistad con Marion son un prodigio de sensibilidad; ese hablar de la enfermedad sin nombrarla, de lo que han sido años de ilusiones y amarguras compartidas; las salidas nocturnas o la obligada visita diaria a una iglesia… Lo mismo ocurre con las escenas de los chicos, todas ellas de gran naturalidad. Esos momentos suenan a auténticos, son retazos de realidad. Quizá por eso chirría un poco esa salida casi mágica del desenlace, relacionada con el sueño de Agnes de asistir a un concierto de Tom Jones; da un aire de cuento al film, que no era tal hasta ese momento. Pero no echa por tierra una película notable, justamente premiada en San Sebastián.

José María Aresté

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