Acordes y desacuerdos

TÍTULO ORIGINAL Sweet and Lowdown

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Director y guionista: Woody Allen. Intérpretes: Sean Penn, Samantha Morton, Uma Thurman, Brian Markinson, Anthony Lapaglia, Gretchen Mol, John Waters. 95 min. Jóvenes-adultos.

Emmett Ray (Sean Penn) es un genial guitarrista de jazz de los años 30, excéntrico, bohemio, infantil, egoísta e incapaz de decir una sola palabra amable a una mujer. Sobre su ánimo pesa como una losa la obsesión de que nunca podrá alcanzar la genialidad de Django Reinhardt, “ese gitano de Francia” que es el indiscutible número uno. Emmet va siempre de flor en flor, hasta que conoce a Hattie (Samantha Morton), una encantadora chica muda, con la que vive un tiempo. Pero su miedo al compromiso lleva al músico hasta Blanche (Uma Thurman), una mujer culta, liberada y tan ególatra como él. Al final, Emmett descubrirá que lo único que le faltaba -a su vida y a su música- era el amor verdadero.

Es ya un tópico decir que Woody Allen hace siempre la misma película; y también justificarle aduciendo que los grandes directores sólo son fieles a ellos mismos, pues ellos mismos son su principal público. Poca novedad, pues, en Acordes y desacuerdos, pero ¡qué gran director! Allen ha vuelto a sus orígenes, y nos regala esta vez una de esas obritas menores y deliciosas con las que de vez en cuando se desahoga. Al no sentirse obligado a hacer una tesis, puede hacer mejor cine; aunque en el retrato de ese patético músico de jazz, con sus complejos de segundón y sus problemas con las mujeres, podamos reconocer, como en una caricatrua, al propio Allen.

Ciertamente, son las mismas ideas que Allen repite desde Toma el dinero y corre, y que no ha dejado de utilizar -con diversos matices- en toda su carrera. Sin embargo, esta vez cuenta con el enorme talento de Sean Penn -cuya interpretación le ha valido las candidaturas al Globo de Oro y al Oscar-, que logra el imposible de despertar las simpatías del público hacia el despreciable Emmett. A Penn le dan réplica muy bien Uma Thurman y Samantha Norton. Esta última -también candidata al Globo de Oro y al Oscar-, seduce al público con una espléndida interpretación, marcada por la rica expresividad de las estrellas del cine mudo y, en concreto, de las actrices de Chaplin.

Woody Allen realiza un magnífico pseudoreportaje sobre la personalidad del imaginario Emmett Ray, definida a partir de anécdotas auténticas de diversos músicos, y llevada en volandas a ritmo de jazz. La banda sonora utiliza geniales grabaciones clásicas, particularmente de Django Reinhardt. Y el veterano Allen se encuentra muy cómodo detrás de la cámara, rodando otra vez una película que ya conoce a la perfección.

Fernando Gil-Delgado

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